¿Rumbo a un callejón sin salida?

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Estamos cerrando abril, un mes caótico por decir lo menos, con noticias polémicas a nivel país que vuelven a despertar extremos y actitudes que no abordan el problema de fondo, pero que sí contribuyen a llamar la atención, algo tan poco servicial, aunque altamente escandaloso, lo cual pareciera gustarles a los bandos políticos y canales de televisión chilenos, pues posiciona su discurso y contenido en la palestra una vez más.

La muerte de Daniel Palma, mártir de carabineros, además de remecer la opinión pública, hizo reflotar estrepitosamente 2 grandes temas: Migración y narcotráfico. Esto fue así, porque quienes están detrás de su muerte son personas de nacionalidad venezolana, presuntamente con nexos en el mundo del narcotráfico. Ambos, en virtud de su origen, ocasionaron que -morbosamente- los matinales durante esos días hablaran de temas como los crímenes importados, inmigración ilegal y el supuesto control total que bandas narcotraficantes tienen dentro de las poblaciones. ¿La razón de ello? Simple: Generar miedo y estigmatizar a determinado tipo de personas, como si el compatriota fuese una especie de ser puro casi con ética delictual, pues a más de algún famoso se escuchó decir que un delincuente chileno no ataca a carabineros y tiene ciertos “códigos”.

El hacer lo recién mencionado, marca a fuego a quienes no son chilenos de nacimiento, o descendientes de alguno, tildándonos como una especie de “manzana podrida que vino a alterar este apacible lugar”. Lo peor está en la subdivisión que se realiza por inmigrantes, donde quienes tienen origen europeo o estadounidense son recibidos de buena forma, empero, a uno proveniente de Haití u otro país sudamericano, especialmente si su tez es morena, se le califica de posible delincuente capaz de matar a quien se desee por unos pocos pesos, sin siquiera darles la oportunidad para escuchar las razones que lo hicieron huir de su tierra natal. Por su parte, tocante al narcotráfico, largos minutos han sido dedicados a -prácticamente- aseverar con seguridad rayana en la certeza que toda población está comandada por narcotraficantes y delincuentes, estigmatizando dañinamente a quienes viven allí y forman parte de la clase baja y media esforzada que hace malabares para llegar a fin de mes.

Lo que está pasando es peligroso, dañino y divisorio para nuestra sociedad. Pareciera que fuésemos directo a un callejón sin salida, donde unos tendrán más o menos valor, solo por su origen, tez y lugar de residencia. Siguiendo la misma línea, tal escenario resulta favorable para figuras extremistas que den discursos de odio e intimidatorios en contra de la inmigración, delincuencia y narcotráfico, facilitándoles, asimismo, realizar actos altamente mediáticos, como derrumbar casas de narcotraficantes, sin ir al fondo del asunto, es decir, sin combatir de raíz aquello, solo centrándose en quitar una minúscula rama del árbol y mostrarla por todos lados, dejando que las raíces y el árbol mismo cada vez tenga mayor envergadura.

Javier Osorio O.
Ex Vicepresidente Interno Federación de Estudiantes USS, sede Santiago
Estudiante de Derecho UAH

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