Ciencia y mucho amor, ¿es posible mantener viva la llama?

El tiempo, las costumbres y la falta de iniciativa son algunos de los muchos motivos por los que las parejas se terminan separando. Y es que pese a que muchas personas se cuestionan cada día el modo de mantener viva la llama, la vida real no es ni por asomo una película o una novela romántica.

Frente a un desolador final anunciado hay quienes se resignan y asumen que no hay modo de mantener viva la llama sin sucumbir en el intento; sin embargo, la ciencia ha venido a desmentir eso, trayendo consigo resultados esperanzadores para los enamorados.

¿Qué dice la ciencia sobre el amor?

Si bien hace unos años se hacía viral en redes sociales una investigación de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que mostraba que la activación cerebral propia del enamoramiento cesaba a los cuatro años y con ella el denominado “amor pasional”, un reciente estudio de la Universidad Estatal de Texas ha subrayado la importancia de los vínculos generados por la pareja hasta ese momento.

El estudio en cuestión evaluó cómo las relaciones de pareja eran capaces de hacer frente a situaciones difíciles propias del transcurso del tiempo, observando que el deterioro del afecto no se encontraba tan modelado por marcadores biológicos, sino por la percepción que tenían las personas de sus parejas.

Así, aquellas personas que presentaban un vínculo más arraigado e íntimo eran capaces de superar esos obstáculos que vulneraban la continuidad de la relación.

Esto realmente se encontraría muy vinculado a las Cinco Etapas del Amor formuladas por el psicólogo Jed Diamond, de modo que, aunque la activación cerebral cumpla un papel adaptativo, los factores propios de los individuos y la consolidación de sus relaciones serían las que permitirían afrontar la fase de “decepción” y adentrarse en las subsecuentes fases de “superación de la crisis” y “amor real y plan de futuro”.

Lejos de lo que pueda parecer, esto no se encontraría exclusivamente dirigido a las parejas románticas, sino que también sería aplicable a las relaciones de amistad. En este sentido, la Universidad de Stanford en Estados Unidos mostró resultados muy parecidos a los anteriores, encontrando que la percepción que tienen las personas de sus amigos y la idea de lo que sería su amistad ideal predice la continuidad de la relación.

¿Entonces es posible mantener viva la llama?

Como muestra la evidencia científica, las claves para el amor no parten tanto de los sistemas biológicos sino de cómo se gestionan las relaciones interpersonales. Por lo tanto, esforzarse por sorprender a la pareja, generar una comunicación asertiva basada en el respeto mutuo y tener un conocimiento sobre la otra persona estarían mostrando ser los pilares más importantes para que las relaciones funcionen.

Por supuesto, siempre hay formas “científicas” de contribuir a esto, ya que, por ejemplo, organizar citas románticas evita la rutina y el aburrimiento, del mismo modo que comer chocolate para el postre incrementa los niveles de feniletilamina en el cerebro, lo que ayuda a propiciar la pasión. En el caso de otras opciones como el deporte en pareja, se contribuye a la producción de serotonina u hormona de la felicidad, en lo que se escapa de la monotonía y se crean aficiones compartidas que, a su vez, propician la comunicación.

Al final, la clave se encuentra en trabajar de forma proactiva y conjunta, de tal modo que se construya una relación sana. Quizás esto lleva implícito esa visión racional propia de la ciencia, si bien, en cuestión de amor continuaría teniendo todo el sentido del mundo, al estar promoviendo la generación de lazos reales y duraderos.