Estaba firmando el acta de salida del hotel cuando el encargado me preguntó: ¿Chileno, y ahora qué lugar de la Costa Brava visitarás? Lloret de Mar, le dije. Hizo una mueca y me dijo: “Mala decisión, mucha gente, ruido y peligro juntos”.
Un par de horas antes de escuchar eso, había caminado por el pequeño morro que se ve en la foto de arriba a la derecha. En ese peñón, que entra como península en el mar Mediterráneo, hay un castillo amurallado construido cuando Tossa de Mar era una aldea catalana en la que se detenían los mercaderes medievales en sus recorridos entre Andalucía y Francia.
Cuando llegué a Lloret de Mar, me encontré con la imagen de esos edificios de 6 a 8 pisos bordeando la arena y que usted puede ver sobre las 2 rocas de Punta de Lobos. Esta caleta de Cataluña fue arrasada por la industria inmobiliaria, que explotó hasta el último metro cuadrado frente al mar, ofreciendo arriendos de baja calidad a grupos de adolescentes provenientes del norte de Europa. En resumen: monocultivo turístico, peleas nocturnas, imposibilidad de descansar y un lugar peligroso.
¿Qué es lo que quiero poner sobre la mesa? En primer lugar, que es difícil definir el punto de equilibrio entre desarrollo urbano y cuidado ambiental: se te pasa la mano y destruiste un lugar de manera irreversible; por otra parte, eres demasiado purista y te pierdes oportunidades que podrían ser interesantes incluso desde el punto de vista ecológico.
Solo para ir a un asunto concreto: la posición geográfica de Pichilemu hace prioritaria que su capacidad de drenar agua no sea interferida ni reducida. Esteros, quebradas y humedales no deben ser bloqueados. ¿Cómo cumplir ese mandato en una zona sometida a alto estrés inmobiliario? Buena y difícil pregunta, considerando que el interés por acceder a uno de los mejores destinos del surf de Sudamérica no hará más que aumentar con el paso del tiempo.
Intervenir con criterio y delicadeza será crucial y no se trata solamente de un asunto de normativa, sino de un tema cultural, de un asunto de “alta política”. Las fotos de la hermosa Caleta Tortel, incrustada en nuestra Patagonia, podrían ayudar. La cantidad de ingresos por turismo que recibe Venecia resultan impresionantes. Una ciudad levantada sobre un lago y que aun resiste en pie,
es de los mayores artificios urbanos construidos.
Siempre recuerdo que Massimo Cacciari, el filósofo y académico, fue alcalde de esa ciudad y veló por su cuidado y proyección internacional llena de sentido.
¿Qué tiene que ver Pichilemu con un saber filosófico? Quizás nada, pero, también, quizás mucho. Encarar el futuro de un lugar que es frágil y poderoso al unísono exige un saber mirar el panorama completo y trabajar con los ojos (y las manos) puestos sobre el largo plazo.
Carlos Candia Campano











