Hace décadas que a las regiones se nos invita al gran baile del desarrollo nacional, pero casi siempre terminamos mirando desde la galería. La música suena, los discursos se repiten y los invitados de siempre ocupan la pista central. Mientras tanto, en provincias y comunas alejadas, seguimos esperando que nos llamen por nuestro nombre, que reconozcan que también tenemos ritmo propio.
El centralismo chileno no es un accidente administrativo: es una cultura arraigada. Está en la forma en que se reparten los presupuestos, se priorizan las obras públicas y se definen las urgencias nacionales. También se manifiesta en el modo en que se mira el territorio: como periferia, como “fuera de Santiago”, no como una red viva de comunidades que sostienen al país desde sus recursos, su producción y su identidad.
En la Región de O’Higgins, lo vemos con nitidez, a pesar de registrar un crecimiento del 16,5% en el PIB del último trimestre del 2024. Las decisiones sobre educación, transporte o patrimonio cultural se toman a cientos de kilómetros, muchas veces sin comprender la complejidad local. La implementación de los Servicios Locales de Educación, por ejemplo, muestra que el diseño institucional sigue pensando desde arriba hacia abajo, sin suficiente voz de las comunidades que conocen sus propias escuelas y realidades. El resultado es una gestión lenta, poco contextualizada y que no logra conectar con la urgencia territorial.
No se trata de reclamar protagonismo por identidad regional o por nostalgia. Se trata de eficacia y justicia. Las regiones no piden permiso para bailar, pero necesitan partitura: herramientas reales, presupuesto y confianza para decidir su propio destino. Porque cuando las regiones deciden, el país avanza con más equilibrio y sentido.
La creación de nuevos ministerios -como el de Seguridad- no representan un nuevo compás, es más burocracia: menos recursos para los chilenos y más lejos y más tarde termina llegando el Estado. Urge una división de seguridad en el Gobierno Regional.
Las regiones no sobran; son las que sostienen el ritmo cuando el centro pierde el compás. Ha llegado la hora de invitar a todos al baile, no como espectadores, sino como protagonistas de una misma melodía nacional.
Mauricio Donoso Pavez
Director ejecutivo Fundación Pro Ciudadano, ex CORE de O’Higgins y ex asesor legislativo.






