¿Historia?… y es así como se escribe la historia

(Voltaire, 1766) Crónica de Don Antonio de Petrel

UD. SABE… que a partir del nuevo enfoque dado al estudio de la arqueología, luego de un profundo replanteamiento de su quehacer, ésta se ha convertido en una ciencia de gran valor para la investigación histórica de las culturas precolombinas y de todas aquellos pueblos antiguos que carecían de escritura; que no se han encontrado evidencias de ella o no se ha logrado descifrar sus caracteres.

Por mucho tiempo la escritura fue considerada universalmente por los estudiosos como el hito de desarrollo cultural que separa la etapa histórica y la prehistórica de un pueblo.

Esta división peyorativa aún persiste y algunas de sus consecuencias se hacen sentir, confundiendo el conocimiento del pasado.

Graves errores históricos se difunden en textos de enseñanza y obras de todo tipo. “Gracias a la escritura”, la multiplicación de puntos de vista y o intereses al constatar los acontecimientos y adjudicar los roles de los personajes, hace que frecuentemente estos nos aparecen distorsionados como en la casa de los espejos, en tanto que se supone que la relación escrita es más fiable que la reconstrucción (en algunas etapas especulativas) del pasado a partir de las muestras materiales de una cultura determinada.

Un reflejo engañoso de esta naturaleza lo constituyen los hechos que voy a destacar. Recientemente se han conmemorado oficialmente dos importantes efemédides históricas: El descubrimiento del continente americanos atribuido a don Cristóbal Colón (navegante genovés), el 12-10-1492 y otro, el descubrimiento del Estrecho de Magallanes por don Hernando de Magallanes (marino portugués), el 1° de Noviembre de 1520. Ambos extranjeros al servicio de España. Magníficas empresas, ambas, para la conquista de los nuevos territorios. Por el mérito de sí mismas no requieren tomar prestado ni tampoco les usurpan su debida importancia.

Mas, en notas anteriores he expuesto y fundamentado hechos acerca de antiguos conquistadores en el territorio de América, que son indesmentibles. Nuestro continente, si bien no es lugar en que ha tenido origen el hombre, ya era conocido por el hombre hace más de 30.000 años, desde las inmigraciones nor-asiáticas a través del Estrecho de Behring. Y posteriormente a través del mar, miles de años después, como los egipcio-berberiscos, en Sud América principalmente. Normandos en el Vinland y Groenlandia (parte nororiental de Norteamérica). Los griegos, dos siglos antes de Cristo conocían y le dieron nombre a la Antártida. (Algunas tradiciones y leyendas orales “mapuches” que se investigan en la actualidad, relacionan a este pueblo con Esparta). En otros varios puntos de América se han encontrado evidencias arqueológicas y toponimias de origen celta, polinésicas, malayos y de otros orígenes. Por diversas razones estos pueblos, a través del tiempo, fueron asimilados, abandonaron, fueron extinguidos o desarrollaron los pueblos orígenes de este continente.

El desorejado

El “desorejado” Pedro Calvo

“Durante siglos se mantuvo el concepto erróneo de que Cristóbal Colón había sido el primero en llegar a América”. O. Fonk. Hoy todavía se repite profusamente. Del mismo modo sucede con el mérito del descubrimiento de Chile, atribuido arbitrariamente a don Diego de Almagro durante su incursión de 1536. Sin embargo, el mismo Almagro encontraría en territorio de Chile, en el valle de Aconcagua, al “Desorejado” Gonzalo Calvo Barrientos, o Pedro Calvo según otro autor. Además tomó contacto con otro español, Anton Cerrada en las márgenes de Conchali. Todo esto, 16 años después que don Hernando de Magallanes penetrara al estrecho, desembarcara y diera nombre a la Patagonia y Tierra del Fuego. Y a 10 años que una de las naves de la expedición de Fray García Jofré de Loayza descubriera el Cabo de Hornos, hasta el grado 55 de latitud sur. Aún más, la expedición de Almagro encontró varios pueblos todavía controlados por los curacas, nombrados por el inca establecidos hasta el río Maule donde la invasión del Topa Inga 60 años antes, estimulado por informaciones de habitantes de Tucumán, que ya conocían la tierra de Chili.

Ahora la arqueología nos merece más respeto y quienes se ocupan de ella, sea recolectando los restos aparecidos, analizándolos, destacando y preservando los sitios arqueológicos para que sean excavados por arqueólogos profesionales y analizados debidamente.

En este campo, la labor realizada encomiablemente por el profesor Carlos Leyton Labarca, de Los Ciruelos (Pichilemu) nos merece digna de todo elogio. Junto con el grupo de alumnos “Nuestras Raíces” han logrado una interesante muestra de herramientas y armas confeccionadas en piedra, hueso y otros materiales, por los antiguos habitantes de la zona. Objetos de Cáhuil, Los Ciruelos, Las Comillas, Los Cruceros, Catrianca, Chacurra, etc., forman parte de la colección. Además algunos elementos de los primeros colonos españoles y de sus descendientes. ¡Bien Profesor! La arqueología representa muchas veces la única oportunidad de conocer la historia de un pueblo.

TODO ES HISTORIA… DE SIEMRPE… SOLO HISTORIA.

(7 de noviembre de 1986)

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