En una íntima y profunda conversación sobre el valor de los vínculos sociales, la memoria local y el cuidado de quienes forjaron nuestra historia, el programa «Voces de la comunidad» estrenó su segundo capítulo. Conducido por Iván Cifuentes y Diego Grez, el espacio contó con la participación de dos destacadas mujeres cuyo trabajo silencioso ha dejado una huella imborrable en la provincia de Cardenal Caro: Carmen Varas Guevara, gestora en educación social y escritora, y Nilda Vargas Córdova, socia fundadora y actual directora de la Agrupación de Apoyo al Senescente Enrique Padrós de Pichilemu.
El episodio, transmitido en vivo este viernes 6 de noviembre, invitó a los espectadores a reflexionar sobre cómo se construye la comunidad y el lugar que ocupan las personas mayores en la sociedad actual, todo esto gracias al financiamiento del Fondo de Fomento de Medios de Comunicación Social (FFMCS) 2026.
El cuidado de las personas mayores: una labor de amor y resistencia
El programa comenzó destacando un extracto del libro de Carmen Varas, donde describe a Nilda Vargas como una mujer de «bajo perfil, trabajo silencioso, persistente y efectivo. Corazón generoso y una dulzura muy particular». Esta descripción fue el preámbulo perfecto para conocer la historia del Hogar de Ancianos Enrique Padrós Claret.
Nilda Vargas recordó los difíciles inicios de la agrupación, fundada el 28 de octubre de 1999 luego de que la institución CONAPRAN cerrara sus puertas en la comuna, obligando a trasladar a decenas de adultos mayores a otras ciudades de la región. «El hogar fue formado de la nada. No teníamos cosas, no éramos reconocidos, era una institución muy pobre… teníamos prácticamente las puras ganas», rememoró Vargas con emoción. Hoy, la residencia cuenta con un equipo multidisciplinario de más de 20 personas, incluyendo profesionales de la salud, cuidadores de trato directo y personal administrativo.
Al reflexionar sobre su rol, Nilda demostró la humildad que caracteriza a las verdaderas líderes: «Yo nunca me he propuesto ser un líder, nunca me he propuesto que me reconozcan. Si puedo ayudar uno lo hace y lo hace con alegría». Asimismo, abordó las duras realidades que enfrentan en la institución, como el abandono de ancianos en hospitales o por parte de familias ausentes, advirtiendo que para muchos residentes, el equipo del hogar se convierte en su única red de apoyo. Sorprendentemente, Vargas confesó que hoy el mayor desafío de la residencia ya no es el financiamiento económico —que en los inicios costaba resolver para asegurar alimentación o calefacción— sino la gestión de las relaciones humanas entre las familias, los residentes y el gran equipo de trabajo.
Dar voz a las mujeres y la «pedagogía de la amabilidad»
Por su parte, Carmen Varas profundizó en su labor como gestora en educación social, disciplina que ella cataloga como «la mejor profesión del mundo mundial». Varas explicó que su trabajo consiste en «aprender a escuchar activamente las necesidades sentidas de esos grupos y […] ser una especie de andamio para facilitar la concreción de sueños».
Esa misma vocación de escucha activa fue lo que la impulsó a escribir el libro «Una ola de mujeres. Cantos de sirenas en tierra». Lo que comenzó como una forma personal de agradecer a Pichilemu tras su retorno a la comuna, terminó convirtiéndose en un valioso registro literario (el único de este tipo en la biblioteca local) que rescata las historias de mujeres trabajadoras, resilientes y conectadas con la naturaleza del territorio costero.
Al ser consultada sobre qué le sorprendió más de las mujeres que entrevistó —entre ellas boteras, artesanas, rezadoras y nadadoras—, Carmen fue enfática: «Que no se victimizaban. Que asumían que había que hacer lo mejor que podían con lo que tenían […] Nunca se quedaron pegadas en la queja».
Varas también hizo un fuerte llamado a rescatar la «pedagogía de la amabilidad» para combatir la soledad no deseada, especialmente entre los adultos mayores. «La construcción de vínculos se da con el saludo, sabiendo cómo se llama mi vecino, preguntando si está enfermo… Amar es cuidar a un otro. Visibilizarlo, saber qué necesita».
El cruce intergeneracional y el futuro de Pichilemu
El diálogo fluyó hacia la importancia de integrar a las distintas generaciones. Nilda Vargas destacó que en las zonas urbanas de Pichilemu los adultos mayores son bastante activos, participando en talleres, iglesias y agrupaciones, aunque reconoció que la soledad golpea con mayor dureza en los sectores rurales debido a la migración de los jóvenes por motivos laborales o de estudio.
Carmen Varas relató exitosas experiencias de encuentros entre jóvenes liceanos y mujeres mayores de la zona, donde el intercambio de saberes derribó prejuicios mutuamente. Vargas coincidió en esta necesidad de recuperar los saberes tradicionales frente a la inmediatez moderna, recordando cómo los antiguos habitantes del campo «miraban el tiempo en la luna» para saber si llovería.
Hacia el final del programa, ambas invitadas dejaron un mensaje de aliento y gratitud. Nilda instó a las personas mayores a no quedarse en casa mirando pantallas: «Salgamos, caminemos, ejercitémonos… mantengamos una vida en comunidad». En tanto, Carmen cerró agradeciendo el legado de los mayores y valoró el talento juvenil local, asegurando que «aquí hay esperanza; esta es la pequeña aldea griega donde se está produciendo pensamiento y arte».
El segundo capítulo completo de «Voces de la comunidad: conversaciones en El Marino» ya se encuentra disponible para visualización y escucha a través de Spotify, Apple Podcasts, Amazon Music, YouTube y en el sitio web diarioelmarino.cl. Este proyecto llega a la comunidad local gracias a los fondos otorgados por el Ministerio Secretaría General de Gobierno y el Consejo Regional del Libertador O’Higgins. En la próxima edición, el espacio contará con la participación de la talentosa joven pichilemina Agustina Villalobos.









