Mientras el viento y las marejadas del actual sistema frontal golpean este jueves la costa de Pichilemu, un fenómeno paralelo se desarrolla a través de las pantallas de la televisión nacional. Con la llegada de los equipos de prensa a la capital de Cardenal Caro, la cobertura informativa ha comenzado a ceder terreno ante una evidente espectacularización del clima, transformando la habitual dinámica de nuestro borde costero en un escenario de dramatismo forzado que dista mucho de la realidad local.
El caso más llamativo ocurre en las transmisiones de Mega, donde el impacto visual ha reemplazado al rigor periodístico. En pleno desarrollo de las marejadas, el canal desplegó en pantalla el titular «MAR SUBIÓ Y YA NO HAY PLAYA EN PICHILEMU». Esta alarmante afirmación fue replicada de inmediato en sus redes sociales, asegurando en sus descripciones que la playa sencillamente «desapareció».
Para sostener este relato catastrofista frente a la audiencia nacional, el despacho en vivo desde la costanera se enfocó en mostrar una «especie de lagunilla» formada junto a la caleta de pescadores debido al alza de la marea. Sin embargo, la narrativa del canal chocó de frente con el conocimiento empírico de quienes habitan la comuna.
Durante la misma emisión, desde el estudio debieron leer el mensaje de un residente, quien desarmó la supuesta emergencia: «Esos bancos de arena que están mostrando siempre están». El lugareño fue tajante al señalar que «no pasa nada en Pichilemu» y que esa poza de agua «es lo más normal en ese sector».
A pesar de tener la confirmación de que la «desaparición» de la playa era apenas un ciclo natural de la marea en la poza, la línea editorial de los canales ha insistido en el alarmismo tipo clickbait. Por su parte, Canal 13 se ha sumado a la dramatización con despachos en los que el periodista José María del Pino extrema sus gestos de incomodidad, apoyado por gráficas que rezan «el agua está golpeando con fuerza la cara» para simular condiciones de riesgo inminente. La misma estación televisiva intentó elevar un habitual trote bajo la lluvia a la categoría de hazaña, titulando el paso de un transeúnte como un «entrenamiento hasta con temporal incluido».
Esta desconexión se agudiza cuando los fenómenos más comunes causan extrañeza en los reporteros de la capital. Literalmente «santiaguinos sorprendidos con la lluvia», como el meme. Mega ha dedicado minutos a alarmarse por el simple movimiento de las palmeras con el viento o a cuestionar a los deportistas que, aprovechando las condiciones, salen a practicar kitesurf. La respuesta del público frente a esta cobertura en desarrollo no se ha hecho esperar. En las propias redes del canal, los usuarios han criticado duramente el enfoque, tildándolo de «Pan y circo» y evidenciando el problema de fondo del periodismo televisivo actual: «Que manera de no conocer el mar en nuestro país, cero cultura oceánica», escribió el surfista Ramón Navarro.
Mientras el temporal sigue su curso natural en Pichilemu, la cobertura televisiva deja en evidencia una preocupante decadencia en el criterio editorial. Al intentar transformar el evento climático en una seudo tragedia nacional de último minuto, los medios no solo desinforman, sino que menosprecian la inteligencia de una ciudadanía que hoy cuenta con el criterio y la experiencia para separar la noticia del mero espectáculo.








