El impacto de la falta de actividad física: lo que ignoramos sobre el sedentarismo

La actividad física es un proceso complejo y dinámico, ya que durante el continuo de la vida las personas comúnmente pasan por varias fases de participación en el ejercicio que son determinada por diversos factores, tales como:

Características individuales: “motivaciones, autoeficacia, historial de A.F., habilidades y otros comportamientos de salud, etc.”

Así como también características ambientales: “barreras de acceso, tiempo, apoyos sociales y culturales, etc.”

La razón referida más común para no estar físicamente activo, o para no aumentar los niveles de actividad, es la “falta de tiempo”. Sin lugar a duda algunas personas tendrán menos tiempo libre que otras, y esto puede depender de las estructuras sociodemográficas y familiares.

Ahora bien, el principio central del argumento es la forma en que se asigna el tiempo a los comportamientos más que el tiempo mismo. Con este fin, es importante reconocer que la actividad física es multifacética, esto quiere decir que el gimnasio no es el único lugar, sino existen otras maneras y escenarios para realizar actividad física, como lo es ir en bicicleta al trabajo o a “x” destino, caminar/correr en el parque, e inclusive aumentar la cantidad de pasos diarios subiendo o bajando las escaleras tradicionales, en lugar de utilizar escalera o ascensores eléctricos.

Afirmar que uno NO tiene tiempo para estar físicamente activo puede reflejar una declaración de que la actividad física no es un comportamiento elegido sobre otros comportamientos competitivos. Para comprender mejor esto, es importante observar los datos de uso del tiempo y ver si las personas realmente tienen tiempo o no. Al observar los datos y la evidencia empírica sobre el uso del tiempo desde la perspectiva de la actividad física en el tiempo libre, debemos considerar cómo se asigna el “tiempo libre” de las personas.

Es por todo lo anterior que no basta con solo indicar a las personas inactivas físicamente frases como “tiene que hacer ejercicio porque es bueno para su salud”, lo anterior es como decirle a una persona que está triste “no estés triste”, ya que la inactividad física es multifactorial en donde se requieren estrategias más profundas para lograr los efectos deseados, en donde un camino eficiente es reconocer el cambio del modelo que se enfoca solamente en la cantidad de actividad física y gasto calórico, a un enfoque que reconoce la complejidad del cambio de comportamiento en el estilo de vida y la calidad de la experiencia del movimiento.

Esto debido a que con el pasar del tiempo, la actividad física ha pasado de ser una necesidad a ser una “alternativa”. Como resultado, los niveles de actividad física han disminuido drásticamente. Ahora bien, es importante tener presente que las experiencias afectivas positivas tienen el potencial de fortalecer las creencias sobre los beneficios de participar en la actividad física regular.

Por tanto, si la AF es agradable, es más probable que las personas perciban sus beneficios para la salud. Es decir, a medida que las experiencias afectivas positivas se vuelven cada vez más evidentes para las personas, los beneficios relacionados con la salud de la AF también pueden tener mayor impacto, reportado en esta investigación.

La inactividad física no solo afecta a la salud de las personas, sino que además supone una carga financiera para el sistema de salud público. En ese sentido en este estudio se deja en manifiesto que cada $1 dólar invertido en mejoras de aspectos tales como la promoción de la actividad física, son eficaces para reducir los factores de riesgo y controlar las enfermedades no transmisibles podría generar un rendimiento económico de hasta $7 dólares.

EUGENIO FIERRO
Preparador físico

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