A 60 años de la partida de Roberto Hernández

Es la madrugada del 11 de enero de 1966. En una casona de Playa Ancha, Valparaíso, acompañado de sus hijos y nueras, fallecía un hijo esclarecido de Melipilla, de cuyas raíces a lo largo de su extensa vida, estuvo siempre consciente.

Nació en la esquina norponiente de la plaza de Melipilla un 18 de octubre de 1877. Recibió el bautismo al día siguiente, en la parroquia San José. Sus padres fueron Wenceslao Hernández y Natalia Cornejo. Don Wenceslao fue varias veces edil y alcalde de Melipilla.

Como se comprenderá, toda la vida del niño y muchacho se hizo en el pueblo. Aprendió las primeras letras en el colegio Inmaculada Concepción, donde cursó dos años de estudios primarios. Luego vendría la forja de sí mismo. Autodidacta, disfrutó de la lectura y de los libros, formando una biblioteca de autores principalmente chilenos, que hoy se preserva como una joya, por su gran valor patrimonial, en la Universidad de Tarapacá, Arica, con 14.000 títulos documentados.

Fue vecino de los Serrano Montaner, “familia de héroes”, o de Alejandro Venegas y otros, con quienes mantuvo vínculos. Los autores locales y letrados le facilitaron el cultivo de sus inquietudes, donde buscó para su desarrollo, así como los padres animaron al muchacho a emprendimientos cada vez más exigentes.

Así se hizo de experiencias vivas en la primera imprenta de Melipilla, “Progreso”, que dio a luz el primer periódico del mismo nombre y donde jugó con los tipos y artefactos. Colaboró y ejerció como redactor y editor desde 1894 en el periódico “La Constitución”, para luego seguir en una labor periodística local cada vez más forjada en “El Deber” y “La Unión”, periódicos locales del pueblo donde desplegó habilidades literarias para notificar sobre la actualidad y los sucesos de la contingencia.

Desde el mismo periodismo, en razón de interpretar y comprender el tiempo presente, se adentró en los estudios historiográficos y abordó acerca de temáticas del pasado remoto de Melipilla, episodios que publicó en esas páginas de periódicos locales y que le valieron el reconocimiento de don Diego Barros Arana, por la animación de archivos acerca de los jesuitas durante la colonia hasta su expulsión, apoyándolo en sus investigaciones regionales.

Fue también en esos pequeños diarios del pueblo donde publicó sus averiguaciones sobre el rastro de Ignacio Serrano en los archivos y, por el héroe de Iquique, hizo campaña para tener una estatua en la plaza, estatua que se erigió varios años después.

La figura de Roberto Hernández adquiere con el tiempo cada vez más relevancia. La fecunda labor literaria e historiográfica desempeñada en Melipilla, terruño natal del cual nunca perdió contacto, se vio enriquecida en su memoria con estudios y publicaciones suyas hasta fines de la década de 1940.

Es que Roberto Hernández Cornejo llegó a miles de páginas impresas en los diarios locales de Melipilla ya dichos y en “El Chileno” en Santiago. En Valparaíso, contó en “El Chileno” de la edición porteña, de la que fue su director desde 1906, el año del terremoto, y a contar de 1915, será el diario “La Unión” la tribuna donde los lectores disfrutaron de extensas y documentadas crónicas históricas.

A esa prolífica faena periodística y de historiador debe agregarse la de bibliófilo y bibliotecario. Desde 1917 hasta 1953 lideró la renovación y transformación de la Biblioteca Pública Departamental de Valparaíso, de la que fue su director desde 1919. Al año siguiente, 1920, a causa del fallecimiento de Santiago Severín Espina, la biblioteca se llamó “Santiago Severín”, porque éste había donado los recursos para el nuevo edificio de la biblioteca, motivado por las crónicas periodísticas de Hernández.

Pero, además, el bibliófilo fue también autor de una treintena de libros, los que abordan tópicos del país, entre los cuales cabe destacar “Valparaíso en 1927”, “El Roto Chileno”, “Los primeros teatros de Valparaíso”, “El Salitre», «Los chilenos en San Francisco de California”, “Juan Godoy o el descubrimiento de Chañarcillo”, y otras obras mas, las que son verdaderas rarezas bibliográficas.

La Fundación Roberto Hernández Cornejo, desde 2013, desempeña una misión de rescate, estudio y divulgación de la vida y obra de este autor melipillano, en convenio con universidades de Valparaíso y Arica (Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Universidad de Valparaíso y Universidad de Tarapacá). De hecho, el pasado 10 de diciembre se presentó la última publicación sobre el autor: «El tintero prodigioso de don Roberto. Vida, obra y legado bibliográfico de Roberto Hernández Cornejo», editado por la Fundación y la Universidad de Tarapacá.

Pero, todavía, en Melipilla estamos en deuda por reconocer, estudiar y valorar el legado de este autor. Muy apreciado en círculos eruditos e historiográficos, periodísticos y literarios, permanece olvidado en su verdadera significación cultural por su propia tierra natal, Melipilla,  que cobija a la ciudad que tanto amó. Al cumplirse los 60 años del fallecimiento de Roberto Hernández, bien vale este recuerdo para que anime e impulse nuevas iniciativas locales.

MARIO PRIETO
Fundación Roberto Hernández Cornejo

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Cardenal Caro jardín del Pacífico
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