Crónicas de una muerte electoral anunciada

El domingo recién pasado se vivió el tan esperado “plebiscito de salida”, instancia donde se votó para aprobar o rechazar la propuesta constitucional. Los resultados de tal cita democrática, si bien fueron como las encuestas lo anticipaban -al dar por ganador al “Rechazo”- no se acercaron al porcentaje que le dio tan amplio triunfo, al quedarse con un 61.86% de las preferencias, por sobre el 38.14% del “Apruebo”.

A raíz de los resultados, desde el bando perdedor han manifestado su disconformidad ante lo escogido, sumado a las múltiples críticas que han hecho a quienes se inclinaron por el “Rechazo”, sin siquiera detenerse a analizar el porqué del resultado ni hacer una autocrítica, pues solo se remontan a decir frases del tipo: “Es culpa de los medios empresariales y sus mentiras”, “la gente es ignorante”, “las personas no se informan” y “los del “Rechazo” son tontos al no querer lo que les proponía la propuesta constitucional”.

Las frases antedichas solo buscan culpar a los votantes, como si quienes estuvieron detrás de la propuesta y le hicieron campaña electoral no fuesen responsables de nada. En son de aquello, es menester recordar que el resultado tiene razones de ser, no fue por mera generación espontánea. Influyeron diversos elementos, entre ellos: (I) Frases del tipo “Nosotros ganamos, nosotros vamos a colocar la música y los demás deberán sumarse”, la cual fue pronunciada por Daniel Stingo al poco tiempo de resultar electo convencional, quien con tal actitud dejó entrever lo que sería la tónica del proceso: Suma soberbia de los convencionales, malamente replicada por sus seguidores; (II) Actitud revanchista y refundacional, pues se creyó que por escogerse una “hoja en blanco” se quería hacer un nuevo Chile donde todas las injusticias podrían ser vengadas, lo que no era así; (III) Actitudes poco acordes, como votar desde la ducha, cantar en la Convención por sobre hacer un discurso formal y mentir al nivel de Rodrigo Rojas Vade, con un cáncer inexistente; (IV) El rechazo de la iniciativa popular más votada: “Con mi plata no”, generando dudas sobre si los ahorros previsionales se perderían o no; (V) Poca claridad de lo que significaban y el cómo afectarían aspectos consagrados en la propuesta, entre estos la plurinacionalidad y los sistemas de justicia, por nombrar dos ejemplos; y (VI) La incertidumbre por una mayor inestabilidad económico-social que podía generar este proceso.

La sumatoria de tales elementos fue clave para la derrota del “Apruebo”, sin embargo, lo que generó mayor división fue el primero de ellos, referente a la soberbia, porque quienes estaban a favor parecían mostrarse como los dueños de la verdad, seres moralmente superiores y a quienes no se les podía criticar nada, pues o sino se era presa de la pésimamente arraigada cultura de la cancelación, sin perjuicio de los malos tratos, improperios y, en casos más extremos, agresiones físicas. Como el ser humano es proclive a proteger su integridad, prefirió evitar sufrir daños de diversa índole y decidió silenciar su preferencia hasta las votaciones, donde realizó un voto-castigo al proceso, el resultado del mismo y la propia gestión de Gabriel Boric, considerada por muchos como abiertamente enfocada en hacer campaña por el “Apruebo”, sin abordar los problemas que aquejan al país.

Lo ocurrido en el plebiscito recién pasado, que tiene su inicio en el estallido social de octubre de 2019, deja variadas lecciones, tales como: (I) Hacer una mala lectura de la sociedad, tarde o temprano, pasa la cuenta; (II) Las personas querían mejoras, unión y certidumbre, no polarización, refundación, actitudes revanchistas e incertidumbre; (III) La cultura de la cancelación y las dictaduras morales solo generan división, ya que nadie quiere que se le limite su libre pensamiento e imponga un determinado credo ideológico; y (IV) Chile no es un país de extremos, sino de moderación. A modo de cierre, es preciso agregar lo siguiente: No por mucho gritar, refunfuñar y patalear, se escogerá la opción defendida.

Javier Osorio O.
Estudiante de Derecho UAH