Miente, miente, que algo queda

Esas palabras las utilizó el Ministro de Propaganda nazi, Joseph Goebbels. Dicha estrategia no le dio resultado al régimen nazi, pero sí le ha generado dividendos a algunos políticos mentirosos que abusan de la paciencia de la sociedad.

Es el caso del postulante a La Moneda y expresidente Sebastián Piñera. Durante una entrevista radial realizada ayer por la mañana mañana, el abanderado de los derechistas de Chile Vamos aseguró que “vimos que muchos votos en las mesas estaban marcados previamente el día de la elección, estaban marcados por Alejandro Guillier o por Beatriz Sánchez, no por nosotros”.

Lejos de echar pie atrás, el candidato reafirmó sus dichos ayer por la tarde, señalando que “todo lo dicho […] lo dije en forma absolutamente responsable”, criticando al gobierno, a su contendor Alejandro Guillier y lo que denominó “un amplísimo y coordinado coro organizado” para tergiversar sus palabras.

Piñera se pregunta si esta reacción es “un intento más de aprovechamiento político para atacar mi candidatura”. Lo cierto es que el único que se autoinfiere daño es él mismo.

El objetivo de Piñera, sin duda, es poner en duda el sistema electoral chileno, insinuando que ha habido un fraude masivo que supuestamente le afectó, cuestionando además a los vocales de mesa, sólo porque no tuvo apoderados en todas las mesas.

Lo dicho por el ex presidente no se condice por la realidad: no hay denuncias sobre votos marcados, señaló el presidente del consejo directivo del Servicio Electoral, Patricio Santamaría.

Las acciones de Piñera sólo demuestran su desesperación por la posibilidad inminente de perder la elección. Ya las encuestas le fallaron. Los chilenos rechazaron su proyecto, no creen en el clima caótico del país con que han pretendido confundir a la ciudadanía a través de una campaña sistemática durante los cuatro años del Gobierno de Bachelet.

El candidato de la derecha ya no sabe cómo ganar la elección. Ni sumando todos los votos de Kast, el ultra, supera el 50%. Por eso ahora apela al electorado de centroizquierda, con anuncios -por ejemplo- en gratuidad, pero difícilmente le resultará.

En fin, el otro candidato no es perfecto, pero no es peor que el desvergonzado de Piñera.

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