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El practicante

Objetivamente, José Antonio Kast postula a convertirse en el peor Presidente de los últimos 36 años. Ningún otro Presidente había logrado en su primer mes de marzo bajar el umbral del 45% de aprobación ni subir tan rápidamente el nivel de desaprobación a punta de tarifazos. Piñera (2018) y Bachelet (2014) recién alcanzarían esa cifra en agosto de su primer año; incluso Gabriel Boric, con todas sus dificultades iniciales, tardó más en llegar a esos niveles.. Ni hablar de Aylwin, Frei o Lagos, quienes jamás se habrían atrevido a soltarle la mano a la ciudadanía de esta forma.

Lo curioso es que al Presidente Kast parece no importarle. En medio de una crisis de seguridad gigantesca; una crisis económica que está golpeando duramente a las familias más vulnerables, a las pymes y a los transportistas; y una crisis inflacionaria incipiente, con un comité político ausente y una vocera de Gobierno que comete errores cada vez que habla; José Antonio Kast decidió retirar el Estado como amortiguador y dejar que el impacto internacional de los combustibles llegue directo al bolsillo de las personas.

En solo 15 días, el gobierno de Kast apenas ha mostrado una sola definición clara: eliminar el Mepco. De un plumazo, el precio del diésel pasará de bordear los $930 a niveles cercanos a los $1.500, un salto de más de $500 en siete días. La bencina de 93, por su parte, trepará a los $1.600; aún no nombra a la gran mayoría de los secretarios regionales ministeriales (seremis) que debe designar; tampoco a embajadores en países clave o a jefes de servicios y varios miembros de directorios de empresas públicas. Ni hablar de agendas de reactivación económica, de contención de precios o de propuestas para frenar el alza en cadena que sufrirá la canasta básica; ni de recuperación de la seguridad pública o de propuestas para frenar la migración ilegal (la zanja es un chiste).

Un panorama que denota un gobierno amateur, inhumano, paralizado por las circunstancias, junto con el dogma nacido al norte del río Bravo, e incapaz de cumplir con las promesas y expectativas de bienestar que se entregaron durante la campaña a ese 58% que lo eligió. «No tenemos por qué pagar el litro de combustible a precios más bajos que el ciudadano estadounidense», dijo el ministro de Hacienda para excusarse de la brutal decisión y justificar la contabilidad fiscal. Nuestro propio presidente José Antonio Kast, hace solo un par de años, cuando era oposición, le exigía a gritos al gobierno anterior congelar las tarifas y eliminar el impuesto específico, hoy sube el combustible a precios estratosféricos.

¿Y el Presidente? Escondido detrás de su escritorio, evadiendo la responsabilidad de que gobernar no es solo hacerse el leso en momentos difíciles (provocados por él mismo), asumiendo que las familias chilenas pueden absorber el costo de su purismo neoliberal sin chistar.

¿Qué hicieron en el equipo del presidente electo durante los tres meses de interregno entre la elección y el cambio de mando? ¿Hay prioridades, proyectos y agendas para enfrentar los duros desafíos que enfrenta Chile? ¿El hecho de que el pan subirá y la feria se volverá impagable? ¿Acaso la «Oficina del Presidente Electo» (OPE) fue solo un lugar de veneración a la figura presidencial y no de trabajo intenso como nos prometían?

Los chilenos no merecen seguir gobernados por un tecnócrata indolente que parece estudiante en práctica, ni por un gabinete de pasantes que viene a probar suerte en el sector público, abrazando ambos el látigo del libre mercado a costa del sufrimiento del país. Las urgencias sociales de Chile requieren de un Presidente que deje de lado la pirotecnia comunicacional y empiece a cumplir con el mandato constitucional que prometió al asumir. Más seguridad pública, jurídica y económica; empatía, mejor gestión de gobierno y coherencia institucional; responsabilidad y, por sobre todo, humildad y humanidad al gobernar. Chile necesita un Presidente, no un practicante descorazonado, y es hora de que nuestro Mandatario asuma en propiedad un cargo que le está quedando grande.

Esta columna es una ironía que parafrasea y utiliza la estructura exacta del artículo «El practicante», escrito por Cristián Valenzuela (asesor de José Antonio Kast) y publicado el 7 de abril de 2022 sobre el gobierno de Gabriel Boric.

THÚ BÉLLÁKITHÁ BN SÚVÉRSÍVBÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁ

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