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Carta al Director de la Radio Somos Pichilemu por graves e injuriosas declaraciones emitidas por el señor Carlos Yáñez González en su programa «Desinfórmate» en contra del Director de El Marino

Pichilemu, 24 de marzo de 2026

Señor Director

Radio Somos Pichilemu

Presente

De mi consideración:

A través de la presente comunicación, y en mi calidad de periodista y director del diario digital El Marino, vengo a ejercer formalmente el derecho de aclaración y rectificación consagrado en el Título IV (artículos 16 y siguientes) de la Ley N° 19.733 sobre Libertades de Opinión e Información y Ejercicio del Periodismo.

Esta solicitud se funda en las graves e injuriosas declaraciones emitidas por el señor Carlos Yáñez González durante la transmisión del programa «Desinfórmate» emitido por su estación radial con fecha 24 de marzo de 2026, que escuché con profunda decepción y en las cuales se refirió de manera denostativa, amenazante y personal hacia mi persona y hacia nuestro medio de comunicación, a raíz de una columna de opinión publicada en el diario.

Por mandato legal, requiero a usted, en su calidad de director del medio, que disponga que la presente carta sea leída íntegra y textualmente en la próxima emisión del mencionado programa, en el mismo horario y día de la semana en que fueron vertidas estas injurias, sin intercalaciones ni comentarios que desvirtúen su contenido.

Primero: En su alocución, el señor Yáñez me ataca por la publicación de una columna de opinión en el diario El Marino firmada bajo el seudónimo de «Tu Bellakita Bien Subversiva». Me veo en la obligación de aclarar, de manera tajante, categórica y reiterada, que yo no soy el autor de dicha columna. Quien redactó y firma ese texto no soy yo. Esta persona ha colaborado por más de una década en nuestro medio de comunicación. Como periodista, la ley me otorga el derecho y el deber irrenunciable de guardar el secreto profesional respecto a la identidad de mis colaboradores y fuentes, una garantía democrática que ejerceré a cabalidad frente a sus “presiones”.

Resulta imperativo subrayar que la columna en cuestión se limitó estrictamente a realizar una crítica política y técnica. En ella se exponen, de forma argumentada y con datos empíricos, los graves errores matemáticos y las falacias lógicas en las que incurrió el señor Randolph Verdugo al analizar cifras de seguridad pública. No existe en dicho texto insulto, denostación ni ataque personal alguno. El uso de la ironía no es un insulto en sí mismo. En este punto seré sumamente claro: aun en el supuesto ficticio de que yo hubiese sido el autor del texto —que, insisto majaderamente, no lo soy—, el escrito seguiría siendo una crítica legítima y carente de injurias. Si el texto hubiese contenido faltas de respeto o ataques personales, yo mismo, en mi calidad de director, jamás habría autorizado su publicación.

Por lo tanto, resulta incomprensible, irracional y malicioso que el señor Yáñez —quien, por lo demás, ni siquiera es mencionado de paso en la mentada columna— asuma una vocería que nadie le pidió. En lugar de refutar los datos expuestos o defender las cifras de su panelista, optó por abandonar por completo el debate de las ideas para descender a la bajeza del ataque personal.

Segundo: Resulta absolutamente intolerable que un individuo que ostenta un micrófono en una concesión radial utilice ese espacio para emitir difamaciones e inventar realidades ajenas. Al referirse a mi persona con el diminutivo burlesco de «el marinerito» y lanzar al aire la delirante afirmación de «como que quiere salir a la luz, como que quiere salir de closet», el señor Yáñez abandona cualquier atisbo de comunicación social para hundirse en la injuria más cobarde.

¿Quién se cree que es el señor Yáñez, y con qué derecho o supuesta autoridad moral se arroga la potestad de fabricar rumores, especular y festinar públicamente con la intimidad de otra persona?

Su comentario revela una miseria humana lamentable. Construir una falsa narrativa sobre mi vida privada y utilizar la orientación sexual como un arma arrojadiza para intentar denigrar o desacreditar a un profesional en pleno año 2026, es la táctica vil de quien carece de intelecto para debatir ideas. Es un recurso retórico basado en una homofobia rancia, demostrando un nivel de ignorancia y precariedad argumentativa que repugna. Esta intromisión morbosa, gratuita y derechamente mentirosa pisotea cualquier estándar mínimo de decencia, ética periodística y respeto a los derechos fundamentales.

Tercero: Si las injurias referidas en el punto anterior resultan inaceptables, las veladas y cobardes advertencias que el conductor decidió proferir al aire revisten una gravedad legal e institucional mayúscula. Utilizar los micrófonos de una concesión radial para declarar públicamente: «que se vaya con cuidado», «no lo queremos perjudicar», «no se lo vamos a permitir» y rematar con el tono intimidatorio de «está avisado amigazo, que no se le olvide», es abandonar por completo el debate para instalarse directamente en el terreno de la amenaza y el matonaje público.

Estas prácticas de amedrentamiento son absolutamente incompatibles con el ejercicio democrático de la libertad de prensa y el Estado de Derecho. Que le quede sumamente claro al señor Yáñez y a la dirección de esta emisora: ni este periodista ni el medio de comunicación que dirijo serán silenciados bajo la presión de advertencias matoniles emitidas desde una radio donde, por desgracia, no es la primera vez que se me ataca de forma artera, reiterada e injustificada. Mi labor informativa no se somete a chantajes.

Cuarto: Me resulta imposible no abordar esta situación desde el profundo dolor y la desilusión humana. Fui alumno del señor Carlos Yáñez entre los años 2000 y 2005. Él fue el director de mi colegio y hasta profesor jefe. Recuerdo sus clases y sus cátedras sobre moralidad, sobre cómo una persona debía ser útil a la sociedad desde la compasión, la ternura, el amor. Durante gran parte de mi vida guardé hacia él un sincero respeto y una opinión sumamente positiva, viéndolo como un referente ineludible de la educación y de los valores de nuestra comunidad.

Ironías de la vida, hace tan solo unos días me encontraba revisando mis archivos personales y antiguos recuerdos de mi época escolar. Entre esos papeles, sostuve en mis manos con genuina nostalgia algunos diplomas y reconocimientos que llevan estampada, de puño y letra, la firma del señor Yáñez. Al observar esa firma, recordé al educador que yo creía conocer. Qué contraste tan brutal, qué golpe tan bajo y cruel resulta confrontar ese recuerdo —ese pedazo de papel que alguna vez me llenó de orgullo cuando niño— con la voz del hombre que hoy me ataca de forma tan injusta, gratuita y despiadada a través de un micrófono.

Era tal mi aprecio por la institución que dirigía y por su figura como educador, que cada vez que logré publicar un libro, me acerqué ilusionado hasta las puertas de su colegio para entregarle mi trabajo. Iba como el exalumno agradecido que busca, de todo corazón, compartir sus logros con quienes lo formaron. Sin embargo, él nunca tuvo el tiempo ni la deferencia de recibirme.

Hoy, al escuchar sus ataques innecesarios y de una bajeza tremenda, entiendo el porqué de su indiferencia. Cuesta muchísimo, y duele en lo netamente humano, conciliar la imagen de aquel profesor que me enseñaba sobre ética y rectitud en un aula, con la del individuo que hoy utiliza una tribuna pública para escupir amenazas y mofas discriminatorias de la peor clase en contra de un antiguo alumno.

La decepción es inmensa y definitiva. Es una verdadera lástima comprobar, con pesadumbre, que la moralidad que el señor Yáñez predicaba se quedó escrita y borrada en una pizarra hace más de veinte años, y que hoy no le alcanza ni para el ejercicio básico de la comunicación social, ni mucho menos para la decencia mínima que nos debemos como seres humanos.

Espero que el señor Carlos Yáñez González tenga la altura de miras y la decencia mínima para emitir disculpas públicas por sus injurias, mentiras y amenazas, y que ofrezca compensación por el grave daño moral y a la honra causado con sus irresponsables declaraciones. Todo esto, lo exijo sin perjuicio de mi irrenunciable derecho a entablar las acciones legales correspondientes ante los tribunales de justicia en caso de no concretarse lo anterior o de persistir en esta inaceptable actitud de hostigamiento.

A la espera del estricto cumplimiento de la ley en la lectura de esta réplica, requiriendo de antemano que una copia de ella me sea entregada en el más breve plazo tras su emisión, firma.

[firmada electrónicamente]

Diego Grez
Periodista
Director de El Marino

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