Carta abierta ciudadana. Entre el robo y la multa: la indefensión ciudadana en Pichilemu

Señor Director:

Le escribo con la urgencia de quien ya no encuentra canales oficiales que funcionen en nuestra comuna, por tanto esta carta también está dirigida a alcalde y concejales. Soy vecino de Pichilemu desde hace 25 años, artista de la zona y adulto autista que hoy se encuentra realizando su tesis de psicología. Mi vínculo con esta tierra es profundo y emocional, marcado por una infancia de sonrisas que hoy se ve empañada por la delincuencia y la desidia municipal. Nunca, dentro de mis publicaciones como escritor, había usado estos medios para reclamar. Pero al pensar en mi salud mental y al ver a mi madre que paga sus contribuciones sagradamente con mucho esfuerzo —cada vez más caras–-, me veo obligado a hacerlo, ya que nuestro compromiso ciudadano no se ve retribuido por una administración que parece haber renunciado a su deber de diseño y seguridad, sin darme soluciones.

En los últimos tres años he presenciado cuatro robos: dos dentro de mi casa y dos de mis basureros en la calle, el último este viernes 27 de febrero. Lo que para la autoridad podría parecer un hecho doméstico, para un ciudadano —y especialmente para alguien con mi condición neurodivergente— representa un impacto devastador en la salud mental, el daño moral y el patrimonio material. La respuesta institucional ante mis reclamos en la Alcaldía y Oficina de Partes —en total fueron 3 reclamos sumando el que hice en el Libro de Reclamos— ha sido de una indolencia alarmante: se me exige cumplir con la norma de dejar la basura en un contenedor, pero cuando este es robado por segunda vez, la respuesta institucional es que «nadie tiene la culpa».

La precariedad del sistema de vigilancia es inaceptable y carece de lógica operativa. La explicación municipal de que «no tienen espacio físico en las salas de vigilancia para sumar más cámaras» resulta inverosímil en la era tecnológica actual y solo evidencia una
preocupante falta de idoneidad técnica e ideas. Imaginemos un escenario donde ocurren delitos en cuatro puntos diferentes; si las cámaras rotan para suplir esta supuesta falta de espacio, esos casos quedan fuera del campo visual y la seguridad se vuelve inexistente. Estos casos donde las cámaras no ven nada es pan de cada día, ya que he sabido por vecinos acerca de robos de distinta índole, incluso de autos. Por tanto, este diseño arcaico deficiente, sumado a lentes tapados por árboles, anula cualquier recurso de prevención. Esto, junto a un robo con intimidación que sufrí hace tres semanas en el sector de Av. Comercio con Aviador Acevedo aproximadamente, me ha dejado en un vacío de incertidumbre. Es indignante que hasta los concejales no respondan sus correos y que la página web municipal parezca diseñada para dificultar el acceso al ciudadano, ocultando los formularios de reclamo.

Pichilemu no podrá evolucionar mientras los cargos de gestión sean ocupados por personas que parecen carecer de la capacidad necesaria para diseñar soluciones modernas. Se observa una falta de visión estratégica para generar una infraestructura que proteja a los vecinos. Hoy me encuentro en una encrucijada absurda: me veo forzado a dejar mi basura sin contenedor con el riesgo inminente de ser multado, ya que no puedo seguir costeando reposiciones que la municipalidad no resguarda. Mis recursos son limitados, pero sobre todo encuentro muy injusto tener que pagar sin recibir seguridad. Ante este abandono, solicito públicamente la orientación de algún abogado o entidad externa que pueda asesorarme o defenderme, pues no es justo que la autoridad sea más eficiente para castigar al vecino que para diseñar un sistema de seguridad competente.

Estoy muy triste, mientras batallo contra la ansiedad que este tema me genera. Muchas gracias por el espacio y ojalá mi caso pueda generar espacios de reflexión.

Atte.

Juan Cristóbal Ulloa,
artista, escritor y cantautor,
estudiante de Psicología.

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