Si la historia de la humanidad, analógicamente, se condensara en un reloj de 24 horas, el homo sapiens sapiens (humano moderno) aparece recién en los últimos segundos, sin embargo, somos la especie que más daño ha causado al medio ambiente, ya sea por guerras con repercusiones en la naturaleza, daño deliberado o mero descuido bajo la consigna de “no creo que pase nada”. Somos los causantes de cambios climáticos, extinción de especies, contaminación, destrucción de hábitat y modificación de la geografía solo por fines antropocentristas.
El antropocentrismo sitúa al ser humano como el centro del universo, priorizando sus intereses por sobre todo lo demás existente, siendo, bajo esta doctrina, todo aquello “no humano” un bien de utilidad, un recurso que no merece mayor protección, pues es catalogado como algo inferior. Tal pensamiento filosófico data del siglo XVI, no obstante, hasta el día de hoy sigue latente a nivel mundial, omitiendo completamente los informes que aluden a la imperiosidad de cuidar la flora, fauna, funga y la naturaleza en su conjunto, pues si esta sigue siendo gravemente dañada como lo es actualmente, el ser humano vería su fin en el horizonte.
Pese a las múltiples advertencias y acabada información al respecto, el actual gobierno chileno decidió retirar 43 decretos medioambientales, estando entre ellos aquellos que declaraban monumento natural de especie al pingüino de Humboldt, buscaban recuperar especies como la ranita de Darwin, aprobaban reglamentos, establecían normas e, incluso, creaban parques nacionales y reservas. Todo esto, para ser analizados y, eventualmente, reingresados una vez subsanadas las observaciones o ajustes a su contenido, bajo la consigna de que lo urgente en estos momentos es la seguridad y empleo por sobre la naturaleza, cayendo nuevamente en este antropocentrismo centenar que solo vela por el ser humano y el presente, sin siquiera mirar hacia el futuro de forma preventiva.
Si bien es relevante enfocarse en asuntos como mejorar la economía, aumentar la seguridad, proteger las fronteras y “poner orden” en el país, sobre todo ahora que se dio a conocer que al cierre de 2025 solo había US$40 millones disponibles en las arcas fiscales, es decir, correspondiente a solo el 1% de una administración normal, que ronda los US$4 mil millones. Nada justifica que el cuidado de la naturaleza sea dejado de lado y hayan sido retirados esos 43 decretos medioambientales, especialmente, porque cada una de las especies colabora sustancialmente en los diferentes ecosistemas, siendo solo responsabilidad humana toda alteración, destrucción y extinción ocurrida en los últimos siglos. Si la naturaleza sigue dejándose a merced, sin contribuir con ella, protegerla o prever daños futuros, no nos sorprendamos cuando más temprano que tarde no solo la contaminación aumente a nivel exponencial, sino que destruyamos ecosistemas y no podamos siquiera apreciar especies de flora, fauna y funga que actualmente son comunes.
Javier Osorio O.
Exvicepresidente Interno Federación de Estudiantes USS, sede Santiago.
Egresado de Derecho UAH.






