«El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.» (Lucas 16:10)
En el peculiar universo del programa radial «Desinfórmate», cuyo irónico nombre parece escapársele por completo a sus propios realizadores, asistimos a una verdadera cátedra de gimnasia matemática y superioridad moral. A lo largo de la transmisión, el ex PDI Randolph Verdugo se alza como faro de la verdad frente a los que denomina «blanqueadores políticos» de la administración saliente, regalando a la audiencia una serie de perlas que merecen ser analizadas por su profunda audacia y por la alarmante falta de rigor de quien, paradójicamente, intenta erigirse como un comunicador social intachable.
Cuando se enciende el micrófono bajo la premisa de educar a la comunidad, lo mínimo que se espera es coherencia lógica, pero nuestro analista prefiere navegar en un mar de contradicciones y sesgos cognitivos. El primer acto de este festival argumentativo es un desfile constante de la falacia de autoridad (argumentum ad verecundiam). Verdugo utiliza su credencial de «ex PDI» para blindar sus análisis de seguridad, asumiendo que su pasado institucional lo exime de cometer errores de cálculo de enseñanza básica.
Y es precisamente en las matemáticas donde llega el pináculo de la intervención. Con un tono que pretende ser grave y erudito, Verdugo asegura que la tasa de homicidios cerró el año 2025 en un «cinco coma cuatro por ciento de cada cien mil habitantes» , detallando además que esto equivale a 1.091 asesinatos consumados. La aritmética casta es, por decir lo menos, fascinante: confundir una tasa bruta (5,4 por cada 100.000 habitantes) con un porcentaje (5,4%) es un error conceptual gigantesco. Si en Chile realmente existiera una tasa del 5,4%, estaríamos hablando de 5.400 homicidios por cada 100.000 habitantes, lo que se traduciría en más de un millón de muertos a nivel nacional. Lanzar estas cifras disparatadas al aire a través de varias radios en simultáneo mientras, en la misma frase, se exige abordar la seguridad con «bastante seriedad y profesionalismo», no es más que una contradicción flagrante que desinforma directamente a la comunidad que dicen proteger. Bueno, el programa se llama «Desinfórmate» después de todo. Quizás con una razón.
Pero la lección de moralidad selectiva no termina en la calculadora. En una magistral ejecución del victimismo y la falacia tu quoque (la vieja y confiable hipocresía), Verdugo dedica largos minutos a rasgarse las vestiduras recordando campañas locales pasadas. Se muestra profundamente indignado y exige disculpas públicas al concejal Pablo Canales por no haber intervenido cuando Manuel Cofré, en su desaparecido programa «Tejiendo Ilusiones» utilizó el término «narco derecha». Lo que nuestro indignado analista omite convenientemente es el contexto: dicho término no era la imputación gratuita de un delito, sino una mención directamente irónica a la tenaz negativa de ese sector político para levantar el secreto bancario.
Aun así, Verdugo denuncia la agresividad y violencia verbal del oficialismo saliente , quejándose amargamente de quienes, según él, han sido «bastante burlescos y poco profesionales». Sin embargo, desde su frágil pedestal de pureza, en el programa operan bajo la misma lógica de denostación que critican. Destrozan sin matices al gobierno que se retira, tachando áreas de su gestión como algo «completamente nefasto» y humillándolo con una nota de «1,7». Así, mientras advierten a la comunidad con voz grave sobre los peligros de los «blanqueadores políticos» , ellos mismos fungen de relacionadores públicos, preparando el terreno con devoción para la llegada del presidente electo José Antonio Kast. Eso no está mal, después de todo vivimos en una democracia, pero no se puede predicar con las manos hediondas. Exige un estándar de respeto y mesura que él mismo se encarga de dinamitar en cada bloque, demostrando que su escrutinio moral es, cuando menos, bastante tuerto.
Tampoco podemos pasar por alto la falacia de evidencia incompleta, o cherry-picking. En su afán por pintar un panorama apocalíptico de Pichilemu, Verdugo asegura tajantemente que durante el verano no tuvimos «ningún procedimiento de microtráfico ni tráfico». ¿Su fuente? Una revisión aislada del sistema táctico (STOP) de Carabineros. Construir una afirmación categórica sobre la ausencia total de combate al narcotráfico basándose en una sola métrica de una sola institución —ignorando el trabajo de la PDI o de la fiscalía— es un salto lógico gigante para instalar un discurso alarmista sobre el abandono del «enfoque barrial». Y lo que es más paradójico: mientras instala el terror afirmando que los delitos van en un «aumento de un 128%» en robos con violencia , sus propias estadísticas nacionales muestran que los homicidios bajaron de 6,8 en 2022 a 5,4 en 2025. Mencionan la baja, pero rápidamente la entierran para mantener la narrativa del miedo intacta.
Finalmente, coronan su análisis con un argumentum ad populum de manual. Para demostrar el supuesto fracaso técnico de la estrategia de seguridad gubernamental, recurren a la encuesta Cadem. Utilizan la percepción de la gente —el hecho de que un 71 por ciento dijo que el combate a la delincuencia se hizo «nefastamente»— como si fuera una prueba empírica e irrefutable del estado real de la seguridad pública. Confunden popularidad con efectividad, sensación con realidad, asumiendo que si una encuesta dice que las cosas están mal, entonces los datos técnicos deben respaldarlo mágicamente. Se autoproclama como comunicador que no impone la verdad , mientras exige auditorías urgentes a la municipalidad asumiendo posturas de defensores absolutos y prístinos de la probidad pública.
Al final de la jornada, el micrófono aguanta todo, pero la lógica no perdona. Estos adalides de la pureza que se sienten tocados por la varita de la moralidad casta caen por el propio peso de sus palabras. Quien exige rigor absoluto, debe partir por saber leer una estadística básica; quien pide respeto cívico, no puede usar el micrófono como una trinchera para pontificar. Como bien señala el propio San Randolph, hoy en día «hay que educar a muchos jóvenes»… pero quizás el primer paso sea que los educadores repasen las matemáticas de enseñanza básica antes de encender los micrófonos.
ESTE ES EL REGRESO DE THÚ BÉLLÁKITHÁ BN SÚVÉRSÍVBÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁ






