Pichilemu centro y la depredación del patrimonio

En la vereda poniente de la calle Ortúzar, donde hoy se ubica el supermercado Acuenta, había un pasillo largo. De sus paredes blancas pendían ancladas decenas de teléfonos celestes de la compañía CTC, con $ 100 y mucha suerte podías comunicarte desde este pueblito con el resto del mundo. Con el correr de los años ya no había pasillo, ni teléfonos públicos, ni CTC. Todo este espacio dio paso al supermercado Polanco. Ya para la época, este galpón de dos plantas era grande para sus construcciones vecinas. Pero dentro de todo, no constituían sus metros cuadrados construidos un atentado mayor al entorno de la más tradicional de las calles pichileminas.

Pasaron los años y en este mismo espacio se instaló la súper bodega Acuenta, ahora sí que el resto de casonas, no solo de los costados, sino que también de su parte posterior, es decir de las que daban a la calle Ángel Gaete, desaparecieron para dar lugar a este “esperpento arquitectónico” que vino a revolucionar en mal sentido el entorno de Ortúzar, al no tener esta construcción chata y gris absolutamente nada en que compararse con las casonas que existían aquí. Pues bien, este comercio no es distinto a ninguno que se ubique en la capital o en otra parte de nuestro país. ¿Por qué esta multinacional iba a hacer una construcción distinta en Pichilemu? Porque si seguramente este diseño es el más “económico” para sus intereses, ¿por qué si todo es legal y el plano regulador lo permite?

En la misma tradicional calle, que comienza con la casona que hoy pertenece a la Armada y que fuera la residencia de la familia de la cual se deben los primeros trazados de la ciudad y de la cual la calle Ortúzar lleva su nombre. Casi al frente del Acuenta, alrededor del año 2019, se instaló la Ferretería San Fermín, nuevamente desaparecieron las casonas y los comercios pequeños, para dar paso a un galpón de dimensiones colosales para el centro de la ciudad, también de calle a calle, es decir con salida a la calle de los Bomberos (San Antonio) y con un pequeño estacionamiento en su frontis, el cual al parecer quedó chico o tal vez a los “genios” que pensaron que este era el mejor lugar para construir una súper ferretería al estilo Home Center local, no vislumbraron que necesitarían de un estacionamiento más adecuado. Pues bien, se barre con las casonas del entorno, se construye un estacionamiento y problema solucionado.

Como chiste de mal gusto, hace algunos años el gobierno de turno gastó un par de millones en promover el “Barrio Ortúzar”, donde con bonitos cartelitos de madera, un par de basureros y algo de publicidad se invitaba a preferir a los tradicionales comercios de la calle Ortúzar.

Por supuesto que tanto la ferretería como el supermercado son inversiones privadas que se agradecen, ya que crean puestos de trabajo y contribuyen a la economía de la comuna. El problema no es ese, el problema es el costo para el poco patrimonio que va quedando y del cual el “Barrio Ortúzar” es un claro ejemplo. ¿Por qué no construir el mismo bodrio arquitectónico en otra cuadra? Y si se quiere hacer allí mismo, ¿por qué no invertir un poquito más en un profesional que haga un diseño decente y acorde con el entorno? Aquí hay que destacar al Super 9, que también ha invertido en la comuna y generado empleos, adrede o no, en calles donde no se ha afectado el patrimonio local. Así también destacar en calle Ortúzar la “Galería Pavez”, el “Paseo Ortúzar” (los locales frente a la Copec) y el “Edificio Unión” (los locales a un costado del ex Hotel Astur), ya que todos invirtieron en diseños acordes con el barrio.

Tampoco voy a sostener que las casonas son hermosos edificios del barroco parisino. No, claro que no, son chatas, de apenas dos plantas, con ventanas estrechas y sin ningún adorno, pero son (las que van quedando) nuestro humilde patrimonio.

Pablo Canales