Grandes personajes de Pichilemu: Basilio Sánchez Beguiristain

Basilio-SánchezHan habido pocas personas que hayan sido tan relevantes para la historia de Pichilemu, por su contribución social. Una de ellas es, sin duda, el doctor Basilio Sánchez Beguiristain, quien dedicó gran parte de su vida al servicio público en nuestra comuna.

Sánchez, nació en 1903 en Irún, España, y fue hermano del arzobispo de Concepción Manuel Sánchez (1963-1983). Según cuenta un artículo de la Biblioteca Dr. Bogoslav Juricic Turina, “llegó de veraneo (en 1933)” y “quedó prendado de la belleza y tranquilidad del lugar y decidió sentar sus reales en este balneario para ejercer su profesión”. Años antes, específicamente el 10 de febrero de 1929, había sido establecido el Dispensario San Rafael, primer centro asistencial de la comuna, bajo el impulso del vicepárroco José Miguel Camilo Aguilar y el apoyo financiero del doctor Eugenio Díaz Lira; Sánchez fue contratado por el alcalde Felipe Iturriaga Esquivel para trabajar en la comuna, y dirigió el dispensario por siete años.

El 1 de noviembre de 1940, fue creada la primera Casa de Socorros, la cual dirigió Sánchez por treinta años, incluso después de ser elevada ésta a la categoría de hospital en los años 1960. Los primeros funcionarios de la casa de socorros fueron: Juana Becerra Jorquera, Digna Bozo Becerra, Manuel Bustamante Ormazábal, Adolfo Gallegos, y el practicante Raúl Llanca González.

Su vocación de servicio no estaba relegada sólo al área de la salud; es así como fue un miembro fundador del Cuerpo de Bomberos de Pichilemu, fundación que aconteció el 4 de diciembre de 1945; también fue miembro del directorio honorario, y superintendente entre 1950 y 1951, y nuevamente entre 1961 y 1969. Además, fue miembro fundador del Club Aéreo de Pichilemu, fundado el 2 de noviembre de 1964.

En 1959 se presentó como candidato a regidor por Pichilemu por el Partido Conservador Unido, resultando electo como tal. Los demás regidores electos para ese período, según consigna “El Cóndor” de Santa Cruz, fueron Héctor Greene Valverde (Partido Demócrata Cristiano), Carlos Echazarreta Iñíguez (Partido Conservador Unido), Alberto Araneda Concha, y Sergio Morales Retamal (ambos sin partido especificado en la fuente). Entre ellos, resolvieron que Sánchez ocupase el puesto de alcalde para ése período, que comenzó el 19 de mayo de 1969 y terminó exactamente cuatro años. Se presentó nuevamente como candidato a regidor, representando al mismo partido, pero no fue electo.

Durante su período alcaldicio, ejerció como director del hospital un doctor italiano, de apellido Matasi. Retomó su cargo en el hospital una vez perdida la elección, y ejerció hasta 1977, año en que jubiló. Aquel año se le declaró Hijo Ilustre de Pichilemu “por ejercer el servicio público en salud por casi cincuenta años”, por el alcalde Eduardo Parraguez Galarce. En 1986 se le obsequió la distinción “11 de Septiembre” (que rememoraba “un nuevo aniversario del pronunciamiento militar”), por el alcalde de entonces, René Maturana.

Algunas personas que lo conocieron dicen que en sus últimos años emigró a Santiago, o a Concepción. Lo cierto es que el Dr. Sánchez dejó una huella imborrable en nuestra historia; muchos pichileminos aún lo recuerdan con cariño.

Personajes como él, el Alcalde Caro Martínez, el escritor José Arraño Acevedo, el editor Augusto Ramírez, la alcaldesa Olga Maturana, entre muchos otros, debieran tener, a lo menos, una calle con su nombre en nuestra comuna. Algunas vías principales llevan nombres de ex-presidentes, como Aníbal Pinto, Domingo Santa María, J. J. Prieto, u otros personajes (por ejemplo, J. J. Aguirre, doctor y decano de la Universidad de Chile) que poco –o quizás nada– hicieron por la comuna donde vivimos. En unos veinte o treinta años más, cuando ya las generaciones más antiguas de Pichilemu hayan desaparecido, ¿quién recordará al doctor Sánchez?; ¿sabrán quién se dedicó por décadas a escribir en periódicos de todo el país lo “lindo que es Pichilemu”?; ¿quién fundó el “periodismo pichilemino”?; o ¿quién fue la primera alcaldesa de la comuna?. Ellos son sólo ejemplos de las muchas personas que enorgullecen la identidad pichilemina, pero que cada año que pasa parecen pasar más al olvido. Es por esto que la autoridad debiera demostrar ese amor por Pichilemu y a su gente, y enorgullecerse nombrando al menos un pasaje con el nombre de estas personas que amaron a su tierra, a esta comuna, pero que hoy sólo son recordadas en uno que otro libro, o periódicos, que pronto se amarillan y pasan al olvido.

Diego Grez Cañete
Estudiante Lic. en Historia, Universidad de Chile

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