Una profunda preocupación viven los salineros de las localidades de Barrancas, Cáhuil y La Villa, en la comuna de Pichilemu, quienes advierten que el aumento sostenido de agua dulce que ingresa al humedal Laguna de Cáhuil estaría alterando gravemente el equilibrio salino, afectando la producción de sal artesanal y el ecosistema costero asociado. La situación amenaza directamente la continuidad de un oficio ancestral, reconocido como patrimonio cultural y fuente de sustento para familias de las tres localidades.
Uno de los voceros del conflicto es Juan Luis Moraga González, salinero con más de cuatro décadas de experiencia y presidente de la cooperativa local, quien explica que el problema no es reciente ni menor. “Yo soy salinero aquí de sobre los 40 años. Aquí trabajando aprendí el oficio por nuestro padre. Él fue salinero toda su vida”, señala, enfatizando la dimensión generacional de esta actividad.
Moraga recuerda que las salinas de Cáhuil tienen un origen ancestral. “Estamos hablando de una prehistoria muy antigua que va para los 600 años. Estas salinas están hechas por los promauca, es la primera indígena que teníamos en Chile”, afirma, subrayando el valor histórico y cultural del sistema salinero.
Exceso de agua dulce y caída productiva
Según los salineros, el aumento de agua dulce que llega por el estero Nilahue estaría vinculado, en parte, a la operación del Embalse Convento Viejo, cuya red de canales trasvasa aguas desde la cuenca Chimbarongo–Teno para riego agrícola en valles interiores. Estos excedentes, sostienen, terminarían escurriendo hacia la laguna de Cáhuil, alterando su salinidad natural.
“El problema que tenemos con Convento Viejo es que lo están largando una cantidad de agua dulce”, denuncia Moraga. “Hoy día tenemos un tremendo problema con el agua dulce, porque hay que abrir la barra cada 3, 4 días. El brazo de mar se llena tan rápido de agua que, si no se larga a tiempo, se niega la salina”.
Las consecuencias productivas han sido dramáticas. “Antes aquí quedaban 7.000, 8.000 sacos de 50 kilos. El año pasado dieron 320 sacos de 25 kilos. ¿Por qué? Porque el agua dulce lo tenemos al 100%. No tenemos agua salada”, lamenta el dirigente.
Estudios y oficios ingresados al Sistema de Evaluación Ambiental han advertido que este cambio en el régimen hidrológico provoca inundaciones de las salinas en plena época de cosecha y una fuerte disminución de la salinidad, impactos que —según los salineros— no habrían sido considerados originalmente en la Resolución de Calificación Ambiental (RCA) del proyecto Convento Viejo.

Demanda de medidas urgentes
Ante este escenario, los salineros han decidido intensificar sus gestiones. “El día 23 de diciembre vamos a ir a Rancagua”, anuncia Moraga, explicando que buscan respuestas concretas de las autoridades regionales. “El deseo mío es que se tomen las medidas que corresponden, porque nosotros no tenemos por qué tener ese problema con esa agua”.
Entre las acciones que evalúan está recurrir a la vía judicial. “Tomarse una medida con un abogado para que haga un juicio ambiental, donde salgan todo tipo de problema, y después de ahí pasa el juicio civil, donde nosotros seamos defendidos y que se escuchen las razones”, sostiene.
Impacto social, económico y turístico
El conflicto no solo afecta a los salineros. Moraga advierte que el daño se extiende a toda la economía local. “Acá nosotros tenemos una fuente de trabajo y cada salinero tiene una familia de por medio”, señala. “Entre todos: los pescadores, los boteros, todos los que trabajamos acá, porque a todos esta agua les está haciendo daño”.
El dirigente también alerta sobre las consecuencias para el turismo. “Tenemos que cuidar esta salina porque es una parte del turismo. Si no tenemos salinas, no vamos a tener turismo”, afirma, insistiendo en que la pérdida de este paisaje cultural sería irreparable.
Postura de la concesionaria y proceso en curso
Desde la concesionaria del Embalse Convento Viejo han señalado que el embalse no vertería directamente sus aguas a la laguna de Cáhuil y que parte del problema estaría asociado al uso parcial de las dotaciones de riego por parte de los regantes, además de factores como la sequía prolongada, la menor escorrentía y el cierre natural de la barra de arena, que dificulta el intercambio de agua entre el mar y la laguna.
No obstante, la revisión de la RCA del proyecto fue acogida en 2024, aunque el proceso avanza lentamente. Mientras tanto, el municipio de Pichilemu y las comunidades salineras insisten en la urgencia de compatibilizar el uso del agua para riego con la protección del humedal y la continuidad del trabajo salinero.
“Tenemos que sí o sí sacarla arriba para que sigan las salinas como estaban antes”, concluye Juan Luis Moraga. “Convento Viejo tiene que disminuir esa agua, porque así nos tienen con un tremendo problema”.






