El país que merecemos

Al concluir el proceso constitucional se hace imperioso plantearse, pensar y soñar el país que queremos, “el país que nos merecemos”. Nos merecemos un país donde los empresarios no se coludan en los precios de bienes esenciales como los remedios, pollos o papel higiénico, y si esto ocurre que haya instituciones sólidas, es decir que tengan las facultades dadas desde la Constitución, de fiscalizar y sancionar con penas ejemplificadoras estos delitos. Nos merecemos un país sin delincuencia (o con menos, ya que no hay país en el mundo en que no haya delincuencia), para esto nos merecemos un país que parta por “reconocer la infancia” en su ley máxima para que, a partir de esto, se creen políticas públicas que permitan que los jóvenes tengan oportunidades de desarrollo para que sea esto más seductor que el dinero fácil que producen los robos o “portonazos”.

Nos merecemos un país donde cualquier persona, si llegase a resultar discapacitada debido a un accidente laboral, doméstico o de tránsito, sepa que esta condición está reconocida por nuestra ley base, para que desde ahí se realicen políticas que los incluyan, amparen y reparen.

Nos merecemos un país donde no se devuelva dinero a quienes están en ISAPRE, sino que todos los dineros vayan a un sistema de salud digno para todos, para que así no haya que recurrir a “bingos y rifas” para pagar enfermedades o tratamientos.

Nos merecemos un país sin centralización, donde las decisiones no se tomen en Santiago, sino que sean las regiones quienes decidan donde poner las prioridades y sean los gobiernos regionales quienes tengan la facultad de recaudar una parte de los impuestos y crear empresas públicas que ofrezcan servicios de calidad.

Nos merecemos un país donde nuestra ley madre reconozca el derecho a la vivienda y a la propiedad privada. Nos merecemos un país en el que a futuro no se asome el miedo al racionamiento del agua, para esto nos merecemos que nuestra ley base prescriba expresamente que el uso número uno sea el consumo humano. Nos merecemos un país que no esconda su realidad bajo la alfombra, que reconozca no solo la existencia, sino los derechos de los pueblos originarios como ocurre en los países desarrollados de Canadá, Nueva Zelanda y Australia, que reconozca la existencia y la obligación de financiar a Bomberos de Chile.

Nuestros hijos y las futuras generaciones se merecen vivir bajo una Constitución democrática aprobada luego de tres elecciones y no bajo una dictadura. Las mujeres merecen una ley base hecha entre hombres y mujeres comunes y corrientes, nuestras niñas no se merecen seguir viviendo en una ley madre hecha por la visión de ocho hombres, elegidos por una Junta Militar de cuatro hombres.

Todos nos merecemos un cambio, no merecemos seguir viviendo con todos los males de este sistema perverso. Nos merecemos un país que se calce ruedas y que termine este largo gateo que arrastramos desde 1980 a la fecha.

Pablo Canales