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Apruebo/rechazo: «el gran engaño» – ¿Vale la pena votar? Sipo’ apruebo

Hecho entre gallos y medianoche, el “Acuerdo por la Paz” era firmado mientras en las calles se violaban los DD.HH. De miles de chilenos que sacaron a la sociedad de un retardo de 30 años, miles fueron baleados, cientos quedaron con traumas oculares de por vida, miles fueron encarcelados y cientos afrontan hoy procesos judiciales privados de libertad. Pero la salida institucional una vez más quitó el foco a la revuelta nacional para sumirnos en una polarización ficticia, ya tenemos la experiencia de qué pasó después del “Sí y el No” (se profundizó y administró un sistema económico y político impuesto por las armas que nos convirtió en una sociedad de “clientes y consumidores”). ¿Por qué este proceso tendría que ser distinto?

No lo es, no lo será, luego del triunfo del Apruebo nos meteremos como sociedad en la verdadera batalla de los partidos políticos, la de la elección de “los constituyentes”, allí se jugará el partido de verdad, ya que por las reglas selladas en el acuerdo, si un sector minoritario, pero hábil en elecciones parlamentarias, obtiene el tercio más uno (1/3+1) provocará que los cambios sean meras reformas, mero maquillaje, y lamentablemente nuestras demandas de cambios profundos y reales que cumplen un año este, “El 18 de Octubre”, quedarán anuladas por el reformismo que en realidad nos afecta como país desde el 11 de septiembre de 73.

La organización e información serán vitales para que “los constituyentes” de verdad nos representen como sociedad, para que podamos hacer cambios reales, para que algo tan vital como el agua sea más allá del lindo apelativo legal de “bien nacional de uso público”, un elemento para el consumo de personas antes que cultivos de paltas o tratamientos mineros, lo mismo que las playas y “su acceso”, la protección de los recursos naturales, el término del negocio forestal como lo conocemos, el reconocimiento constitucional de los pueblos originarios, un nuevo sistema de Derecho Penal, donde no se castigue con clases de ética delitos gravísimos para el propio sistema económico, y tantas peticiones concretas que exigimos en la práctica y no solo en la ley escrita.

Si logramos solo una de éstas el Apruebo va a haber valido la pena, el solo hecho de cambiar la ley máxima de tu país, hecha por quienes tanto detestamos, entre cuatro paredes y aprobada en un plebiscito fraudulento, vale la pena. Aunque sepamos que todo este acuerdo plebiscitario, haya sido para salvar a un gobierno que se encontraba contra las cuerdas de nuestra revolución y donde los partidos políticos estén amasando las cuotas de poder que pretenden obtener luego de estos años de proceso constitucional. De todas maneras, es una obligación moral como ciudadanos tomarnos el tiempo y hacer la rayita del Apruebo, Convención Constitucional.

Pero no solo a quedarnos ahí, porque “ya no basta con votar”, Chile despertó y más allá de las elecciones formales y sus trampas institucionales, no debemos volver a dormirnos nunca más.