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Infiernillo al paredón de fusilamiento

Hace algunos días nos sorprendió la noticia entregada por nuestro alcalde Roberto Córdova en redes sociales, respecto a los “1.006 millones de pesos” aprobados por parte del Ministerio de Obras Públicas para remodelar el aeródromo de Pichilemu, ubicado en el centro del sector Infiernillo de la comuna de Pichilemu. En dicha comunicación con la ciudadanía, el edil explicitaba que dichos dineros serán usados entre otros, para reparar la pista de asfalto. Pero lo que sorprendió y que se hizo notar con decenas de comentarios en dicha publicación y en otras similares, es el cierre del perímetro que comprende la conocida cancha de aterrizaje.

No basta ir mucho más atrás en el tiempo para encontrar la última gran remodelación del aeródromo, aquí la ciudad paso a contar desde una pista con estándares de tierra a un aeródromo pavimentado, lo que sin ser un experto en temas aeronáuticos, a todas luces supone una mayor seguridad para pilotos, pasajeros y también los habitantes de las casas aledañas a nuestro “aeropuerto criollo”. Ahora bien, en cuanto al perímetro del aeródromo, recordamos que muchas veces se ha intentado cerrar por completo con alambre de púas. En todos esos momentos no transcurría mucho para que algún vecino cortara dichos alambres y permitiera un paso expedito y clandestino, sobre todo desde Aviador Acevedo hacia Av. Comercio, ya que es ahí donde tradicionalmente ha pasado con la mayor frecuencia el transporte público local, entiéndase hoy los colectivos y ayer las viejas liebres que en verano se llenaban de turistas hacia Punta de Lobos, Cáhuil o la balsa.

En verano nos visitó en la mismísima Municipalidad el prestigioso geógrafo Marcelo Lagos, allí entre otros se analizó el gran terremoto de 2010, la falla de Navidad, el peligro de construir en el borde costero. Se desprendió de la ponencia por parte del profesional de los sismos la buena suerte que tuvo entre comillas nuestra ciudad el 27F, ya que Pichilemu enfrentó el terremoto de 2010 en circunstancias geográficas favorables, es decir que los grandes trenes de olas que originó este movimiento telúrico fueran con mayor potencia desde Bucalemu al sur de Chile y no viceversa. Ahora bien, pudimos entender de las palabras de Marcelo Lagos que un sismo con características para provocar un tsunami donde los trenes de olas sean con una inclinación geográfica de norte a sur o de poniente a este, provocarían escenas como las tantas veces vistas en Duao, Iloca o Constitución, castigando con fuerza las costas de Pichilemu. En definitiva, sin siquiera estos tecnicismos de la academia, el solo hecho de vivir junto al mar supone un peligro latente, en donde nuestro país y su infraestructura tanto pública como privada, deben abordar por obligación, no solo legal, sino que lógica y moral esta circunstancia permanente.

Hoy con este anuncio del cierre total del perímetro del aeródromo, por ejemplo nos imaginamos con hormigón, el paso desde el sector Infiernillo hacia las vías de evacuación naturales del cerro La Cruz, estarán cerradas por completo y todos los habitantes desde Los Aromos hasta Ferrari se verán enfrentados al igual que un condenado a muerte frente a un paredón de fusilamiento, acorralados ante un posible tsunami.

Ante esta situación y con el peligro siempre presente de un terremoto y eventual tsunami en las costas de Pichilemu, se hace imperioso que se considere en la licitación y en definitiva en el proyecto final, por lo menos tres vías de escape de emergencia para la población del sector Infiernillo. De lo contrario, ¿quién va a cargar los muertos de esta negligencia?