COVID-19

Anarquía en el Puente Negro: pichileminos organizados ante el desgobierno

Desde este artículo de opinión, entendemos el anarquismo como la organización de la gente (los pichileminos), horizontal (sin líderes proclamados), sin autoridad (sin la declaración oficial de 40na nacional o local) y sin particulares (ninguna institución privada) con miras a la libertad. ¡Hasta con “acción directa” incluida! (cortar las calles mediante barricadas). Pero en este Pequeño Bosque esto no ocurrió luego de una guerra externa, como fue el caso de los franceses en su afamada “comuna de París”, tampoco los soviets rusos posteriores a la caída del zar, ni mucho menos los obreros italianos siguiendo a Malatesta. Fueron mujeres y hombres, pichileminos de hoy, que dejaron a un lado su tiempo libre, sus quehaceres y su individualismo para unirse ante una catástrofe global por un objetivo superior: El bien común.

Todo comenzó el viernes 19 de marzo, donde se percibía un gran ingreso de autos a la comuna. Turistas o no residentes que haciendo caso omiso de las recomendaciones venían a la playa. Con el riesgo y miedo de que estos trajeran el temido virus, de las condiciones “por decirlo menos” precarias de nuestro hospital y principalmente, con la negativa (hasta hoy) de la autoridad central a decretar la 40na nacional obligatoria.

La chispa que detonó todo fueron las primeras organizaciones de vecinos en el litoral central, quienes aparecieron principalmente en RR.SS., armando barricadas para cortar el gran flujo de turistas que Ingresaban en masa a sus comunas, incluso algunos alcaldes (en contra de sus facultades constitucionales, pero en sintonía con la gente) firmaban decretos cerrando sus comunas. El llamado por los grupos de Facebook más masivos de Pichilemu no se hizo esperar y era claro, reunirse a las 23:30 hrs. en la Plaza Prat y dirigirse a cortar el acceso a la ciudad a la altura de Puente Negro. No fueron pocos los que llegaron y no fueron menos los que al ya ver las imágenes del corte de calle, se sumaron a la “acción directa” esa misma noche, en pos del resguardo de sus familias y de todos los habitantes de esta ciudad. Con el correr de los días, el puesto de control principal en Puente Negro tenía toldo, turnos y víveres básicos para los pichileminos, que incluso arriesgándose a contagiarse, controlaban a los autos que pretendían ingresar. Carabineros se mantenía en el lugar, pero solo actuaba en caso necesario, aunque claro, se estaba llevando a cabo un delito fragante, el cual es impedir el libre tránsito, a nuestro parecer, la orden del poder central era justamente mantenerse al margen, ya que no hubiese sido muy popular (en días de poca aprobación) para el gobierno que se viera en T.V., a la policía reprimiendo a quienes buscaban proteger a sus comunas del virus como lo hemos visto en Chiloé. Siendo así, no fueron pocos los conatos que se produjeron con personas pasadas de revoluciones, que lanzaban sus autos en contra de la gente de las barricadas. Se cometieron errores arbitrarios, al no dejar ingresar a residentes o vecinos rurales. Claro que sí, era difícil aunar criterios y la organización comunitaria siempre supone aprendizajes a largo plazo, pero en este caso el fin común y superior sí justificaba los medios.

Por ahora, todo acabó ayer jueves 23 de marzo, cuando llegaron las “fuerzas especiales de Carabineros” enviadas desde Rancagua, para despejar “por la fuerza” a los vecinos en el acceso a la ciudad. Luego de una serie de conversaciones el Mayor Ítalo Roco sostuvo que se establecerá un punto de control al ingreso a la comuna para no permitir el paso de personas que no sean residentes. No fue necesario el uso de la fuerza enviado desde la capital regional, tanto así que ha sido olvidado que “alguien” ordeno que vinieran, incluso varios payasos se han subido al carro de la victoria se este acuerdo. Finalmente el anuncio del control policial al ingreso fue bien recibido por los vecinos que soltaron la calle y las barricadas.

Esperemos que las lecciones aprendidas de organización comunitaria no sean un espejismo en una comuna donde el “gerente general” que tenemos de presidente arrasara en votación popular. Esperemos que el control sea efectivo y no un tongo, que haga en vano el esfuerzo desinteresado de un grupo de pichileminos.

Finalmente la pregunta es: ¿Carabineros y militares serán severos en el control de ingreso o se hará el clasismo habitual al diferenciar si quien pretende entrar a Pichilemu es de “Plaza de la Dignidad para arriba o para abajo”? Tomando en cuenta más que nunca, que el virus viene de arriba.