Médico mató a su hermano, lo enterró en el desierto… y ya se encuentra atendiendo en su consulta

Juan Andrés Marambio Smith
La realidad supera a la ficción. Los hechos que involucran a Juan Andrés Marambio Smith y Evelyn Smith Hunter, respectivamente hijo y viuda del exalcalde de Santa Cruz Luis Eduardo Marambio Páez, así lo demuestran. Mantuvieron durante diez años un pacto de silencio sobre un asesinato, pero ella no aguantó más.

Evelyn Elsie Smith Hunter, nacida en 1931 en Victoria, provincia de Malleco, es educadora de párvulos. Llegó a Santa Cruz en la década de 1950 y se casó en esa ciudad con Luis Eduardo Marambio Páez, hermano de Joel, quien por entonces tenía una prometedora carrera política que lo llevó a ser regidor, alcalde y diputado. Su marido, Lalo, también llegaría a comandar la ciudad colchagüina. Sin embargo, las vidas de Joel y Lalo fueron truncadas a temprana edad, en 1973 y 1975 respectivamente.

Evelyn fundó en 1970 un jardín infantil, que luego se convirtió en escuela, reconocida oficialmente en 1976 como colegio particular, el Colegio Evelyn’s School. En 1981 debió dejar el mando del establecimiento para trasladarse definitivamente a la ciudad de Santiago, donde compró un departamento en calle Moneda.

El matrimonio Marambio-Smith tuvo tres hijos hombres: Luis Roberto, el médico Juan Andrés y el diseñador gráfico Jorge Antonio. El primero de ellos, Roberto, nació sano en San Fernando un 26 de abril de 1959. Sin embargo, sufrió una caída y una meningitis lo dejó con una discapacidad mental severa. Evelyn siempre debió cuidar de él, ya que no podía valerse por sí mismo.

«Roberto sufría de un daño cerebral severo, era dependiente totalmente. A los ocho años creo que aprendió a estar de pie y a los 12 años mi madre le enseñó a caminar, lo cual debía hacerlo acompañado. Esto tiene origen de alguna enfermedad infecciosa, que lo dejó con estas graves secuelas. Mi hermano, físicamente a sus casi 50 años, tenía un cuerpo que no se había desarrollado, estaba encorvado, había que mudarlo, darle de comer, era totalmente dependiente», dice Juan Andrés Marambio.

Evelyn cuenta: «Roberto no sabía hablar, pero sí podía caminar. Él requería de mis cuidados permanentes, darle la comida, mudarlo, bañarlo, y todos los días yo lo sacaba a caminar por las calles de los alrededores. Requería de mis atenciones permanentemente a cualquier hora del día… Yo percibía que escuchaba la música y algunas en especial creo las reconocía. También reaccionaba a los olores de la comida y se acercaba a ella».

Por intérvalos, madre e hijo residieron en Antofagasta, donde Roberto estuvo internado algún tiempo en el Pequeño Cotolengo, pero lo retiró «pues no estaba bien en ese lugar». En 2008 ambos vivían en un departamento de Las Condes, donde Evelyn tenía una rutina diaria «bastante establecida»: «preocuparme del cuidado de Roberto, era todo bastante estructurado, ya estaba acostumbrada a eso, no era molestia para mí, no me lo cuestionaba».

Juan Andrés, el médico de la familia, retornó desde Venezuela, donde había abandonado su profesión para «apoyar activamente la revolución chavista». Pero ahora se hallaba «sin dinero y sin trabajo, y no quería seguir ejerciendo su profesión», dice Evelyn Smith, quien asegura que «siempre tuve una relación cercana» con él.

Marcela Loyola, esposa de Jorge Marambio, describe a Juan como un «ser solapadamente agresivo, maltratador y celoso, razón por la cual siempre ha querido ser el hijo único…».

El centro de la vida de Evelyn era su hijo Roberto. Y ello le causó «desagrado» a Juan Andrés, según ella misma dice. Estaba «preocupado» por «mi mal aspecto y un estado profundo de desánimo y empezó a hablarme de las cosas, que no podían seguir de ese modo. Me decía ‘¿hasta cuándo vas a seguir viviendo de esta forma? ¿No es suficiente? Si ya lo has cuidado tanto…'».

«Yo en esos días estaba cansada, amargada, no tenía ánimo de salir ni de juntarme con nadie porque mi prioridad siempre fue mi hijo Roberto. Además yo no quería pedir ayuda ni contratar a alguien para atenderlo porque no confiaba en nadie para hacerlo», cuenta Evelyn.

Evelyn Smith Hunter

Pero un nefasto día, Juan Andrés le confidencia que ha pensado mucho en una solución. «Fíjate que yo conozco un lugar donde Roberto podría descansar y tú llevar una vida normal», le habría expresado, según ella recuerda, insistiéndole en esta idea en numerosas ocasiones.

El 8 de enero de 2008, Juan Andrés recibe un llamado desde el gobierno venezolano, pidiéndole retornar al país dentro de un mes para su participación en un programa de gobierno. Esta noticia lo inunda de felicidad, y a su madre también… pero esta alegría fue interrumpida abruptamente para pasar a la decisión.

«Tenemos que resolver la situación de Roberto», le dice Evelyn a Juan Andrés. «Estaba implícito en ese momento que ambos queríamos o coincidíamos que había que poner término a la vida de Roberto», dice este.

Discutieron largamente la forma. «¿Contrato a alguien?». «No mamá, yo me encargo…». Un revólver pequeño, propiedad de Evelyn, sería el arma con que Juan Andrés decidió quitarle la vida a su propio hermano. No en cualquier lugar tampoco, sino que en el desierto de Antofagasta, a la salida de la ciudad.

«Yo me sentía querida y apoyada por él. Su insistencia entonces me logró convencer … Esto no se lo íbamos a decir a nadie».

Con los días, el ánimo de Evelyn cambió positivamente. «Estaba con más energía, salía con mi hermano a la calle, iba a comprar. Se notó un cambio».

«Juan ideó todas las cosas sobre cómo hacerlo. Él temía que me arrepintiera. Yo estaba muy mal, muy delgada y muy nerviosa y me insistió y presionó hasta que me convenció». «Pasó poco tiempo entre que lo hablamos por primera vez y nos fuimos…».

Pronto llegó el día definitivo para Roberto. El 31 de enero de 2008, en una camioneta arrendada y tras reunirse en un supermercado, Luis Roberto Marambio Smith, Evelyn Smith Hunter y Juan Andrés Marambio Smith parten con destino a la ciudad de Antofagasta.

«Llegamos de noche [el 1 de febrero]… Juan buscó una pensión u hostal … Yo no hablé con nadie. No sé qué hacía Juan afuera de la habitación, nunca salía de ella. Dormimos ahí».

Al día siguiente, Evelyn pidió almuerzo y comió junto a su hijo Roberto por última vez. Lo mudó en dos ocasiones aquella mañana. En algún momento, recibe una llamada de Juan Andrés. Debían bajar para emprender el postrer camino del inocente Roberto.

Salieron de Antofagasta por la carretera que va a Santiago. Con el mismo vehículo se adentran en el desierto, en «un plano que no se veía desde la carretera». Allí Juan Andrés le pide a Evelyn que se quede en el vehículo porque él se encargaría de todo. Él iba y volvía, varias veces, hasta que recogió a Roberto. Ella lo besó y lo abrazó. «Yo lo besaba, no quería soltarlo, lo apretaba contra mí y le hacía cariño» … «Ya pues, mamá, apúrese» …

Ella lo suelta. Roberto se adentra en los áridos terrenos para no volver más. Desde el automóvil, Evelyn no pudo ver nada. «Juan Andrés me dijo que no iba a sufrir».

Juan lleva a Evelyn al lugar donde quedaron, inertes, los restos de Roberto. «En la tierra húmeda me puse a llorar a gritos. Juan me dijo en ese momento, me consoló diciéndome que Roberto no había sufrido porque ‘recuerda que yo soy médico, mamá'». La «tía Evelyn», como es recordada cariñosamente en Santa Cruz, volvió a Santiago sin su hijo, tan solo con un par de prendas que llevaba aquel día y que perdió no sabe dónde.

Para quien preguntara, la cantaleta sería la misma: habían dejado a Roberto de vacaciones. Unas vacaciones eternas. «Inventé la historia que una señora que estaba viuda se estaba encargando del cuidado de Roberto fuera de Santiago. Fui botando de a poco la ropa de Roberto que tenía en el departamento, dejándola en la basura». Se deshizo del recuerdo.

Juan y Evelyn se distanciaron. Perdieron contacto. «Supe que Juan Andrés tuvo la intención de quedarse con las propiedades de Roberto», dice ella.

Jorge Marambio nunca tuvo una buena relación con su madre Evelyn, pero la ausencia de Roberto le inquietó. Cada vez que le preguntaba sobre su estado, Evelyn evitaba dar cualquier información. «He tomado la decisión de responder solo que está bien y no hablar de él, porque siempre que hablo de él me termino emocionando», le dijo ella. Su hermano Juan le señaló «desconocer dónde estaba» Roberto «y quién estaba a sus cuidados, y si su mamá no quería hablar al respecto, tenía todo el derecho en hacerlo». Jorge dice: «Me llama mucho la atención esa respuesta debido a que él siempre fue su médico tratante»…

Años después, las sospechas de Jorge y Marcela se hicieron carne cuando notaron que no había flujo de dinero desde la cuenta corriente de Evelyn para la mantención y cuidados de Roberto.

«Con mi esposa pensamos que Roberto había fallecido por causas naturales, situación por la cual le dije a mi madre que hiciera la posesión efectiva de las propiedades de él, indicándole que esto se debe a que ya no mantiene relación con mi hermano, y de ser así le indiqué que ya será el momento en que me tendrá que contar de qué y cómo murió».

Pero Evelyn siguió evitando el tema. «Para evitar responderles me enojaba y los evadía». Mucho debió insistirle Jorge Marambio para que le contara, finalmente, que Roberto estaba muerto. Primero le dijo que había fallecido en la ducha y que lo habían enterrado en Antofagasta. Pero al día siguiente confesó lo que realmente sucedió.

«Superada por la culpa me confesó que junto a su hijo Juan Andrés tomaron la decisión de matar a Luis Roberto». El 2 de febrero de 2008, su hijo había muerto.

Ante este anuncio, Jorge Marambio buscó ayuda en un abogado penalista, quien les sugirió que Evelyn se autodenunciara. Así lo hizo el 22 de mayo de 2018, con un escrito que presentó en la Fiscalía Local de Las Condes. En él, Smith describe los hechos que ocurrieron diez años antes en el norte del país.

La Fiscalía rápidamente ordenó diversas diligencias, entre ellas una orden de búsqueda a la Brigada de Homicidios de la PDI. El Servicio Médico Legal de Antofagasta declaró que su cuerpo nunca ingresó a la entidad. Su hermano Jorge y Marcela, su esposa, prestaron declaración ante el órgano persecutor, igual que su madre, quien reiteró los hechos declarados en julio de 2018.

El 6 de agosto de 2019, Juan Andrés Marambio Smith prestó declaración ante el fiscal adjunto de Las Condes y su abogado defensor. Renunció a su derecho a guardar silencio y confesó su participación en el homicidio de su propio hermano.

«Fui hasta el lugar escogido y comencé una obra que demoré unas dos horas y media o tres, por lo dura de la roca. El hueco que hice fue de 1.20 m de profundidad por unos 60 centímetros de diámetro, aproximadamente… bajé a buscar a mi hermano».

«Abrí la puerta y le dije a mi madre: ‘estamos listos’. Ella abrió su cartera y me pasó el arma, la cual me fijé que tenía unas cuatro balas, y me la eché al bolsillo».

Roberto estaba «relajado o con tendencia al sueño». Juan Andrés le había dado un medicamento… «alguna benzodiacepina y/o clorfenamina». «La idea de que se durmiera era para que no sintiera nada…».

«Tomé a Robertito y por lo dificultoso del camino a los metros me lo eché a los brazos… aparte de la música que estaba sonando en la camioneta, prendí el motor de la camioneta para disminuir la posibilidad que mi madre escuchara el ruido del disparo».

«Al llegar arriba acosté a Robertito en una colchoneta de camping que había dejado en el lugar. Esto lo hice ya que debía desvestir al niño y quería evitar acostarlo sobre la tierra…».

«Desnudé a mi hermano mientras seguía durmiendo. Parte de la ropa la coloqué alrededor del foso para que no se rasmillara. Lo alcé desde la colchoneta y lo coloqué en posición fetal en el foso».

«Estando en esa posición, lo rellené con arena hasta la cintura para que no se moviera, y luego tomé la pistola. Estuve unos cinco minutos con esta…»

«Pude disparar el arma a la cabeza de mi hermano, justo en la unión de los parietales con la occipital, fue un disparo hacia la base del cerebro… Luego de esto la sangre se derramó hacia la espalda, hacia el hombro. Crucé hacia el otro lado, revisé sus signos vitales y estaba muerto. Luego le levanté la cabeza y me despedí de él».

«Cuando ya estaba muerto le di un beso entre los ojos, le dije ‘ya hermano’, y no sé cuánto tiempo estuve ahí».

«Rellené los espacios con el chancao. El cuerpo quedó del piso original a unos diez centímetros del suelo. … Yo me acosté en el lugar para compactar el suelo».

«El lugar lo barrí y ordené y luego me retiré».

Así terminó la vida de Luis Roberto Marambio Smith aquel febrero.

Su cadáver sigue desaparecido. Las búsquedas fueron infructíferas.

Juan Andrés Marambio, su homicida confeso, jamás pisará la cárcel. Fue sentenciado a una condena de cinco años en libertad vigilada, lo que significa que deberá firmar en Gendarmería cada cierto tiempo, y el asunto está resuelto. Todo esto gracias al convenio suscrito entre la Fiscalía y los abogados defensores, quienes tomaron en cuenta la «irreprochable conducta anterior» del imputado, quien estuvo bajo arresto domiciliario por algunos meses en 2019.

No es el primer encuentro cercano de Marambio con la muerte, de todas formas. Según recuerda Marcela Loyola, en Francia tuvo una pelea con un nacional de ese país, quien cayó a la línea del metro y murió. Preso en Francia estuvo. Y se jactaba de que no le salió ni por cura’o, como reza el dicho popular.

Evelyn Smith está a la espera de su formalización por parricidio, cuestión que aún está en veremos porque podría ser declarada inimputable penalmente.

Mientras tanto Juanito, el médico de la Universidad Católica, retomó su consulta médica el 13 de febrero, en la comuna de Providencia. El cantante Sandro bien decía: «Al final, la vida sigue igual»…

Autor entrada: Redacción

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