La ruta de la caca en Pichilemu: de pozos negros, fosas, alcantarillados y alzas de precios

El alcantarillado abarcaba solo el centro, por lo que “los pozos negros” eran el baño común de la ciudad y el paradero inevitable de los kilos de caca que nosotros producíamos. De tanto en tanto había que echarle un poco de cal, ir en invierno o en la noche era un martirio, tanto así que muchos preferían ir acompañados, el viento que se colaba sin permiso por las rendijas entumecía hasta a los más recios, y para los que aún éramos niños, el pavor de caerse adentro o de que saliera algo de abajo era siempre latente.

Poco a poco el desarrollo bien entendido fue ganando terreno, y ya era posible para las familias de clase media baja pagar la construcción de una “fosa séptica”, donde iría a parar nuestra caca. Hoy en día aunque los debe haber, deben ser muy pocos los pozos negros que quedan en el sector urbano. Con esto, se creó el servicio de “los limpia fosas”, que en palabras simples; retiran en un camión la caca que se acumula en la fosa, cuando esta se encuentra llena sin capacidad de recibir más. Este servicio creció junto con la masificación de los fosas, en la mayoría de los hogares que no cuentan con alcantarillado, pasando de un camión en un principio, a varios en la ciudad.

Paralelamente corría el año 2006 y la empresa ESSBIO planeaba la construcción de un “emisario” (tubo de descargaría luego de un proceso mínimo de reducción de sólidos, la caca en el mar). Este proyecto que amenazaba con el ecosistema y por lo tanto con el turismo local, fue paralizado gracias a un movimiento ciudadano que como nunca antes unió a pescadores, deportistas, estudiantes, hombres y mujeres de a pie de la ciudad. Se realizaron marchas, se pintaron paredes y se extendieron grandes lienzos en rechazo al “emisario”. Finalmente, como tan pocas veces en la historia “la voz del pueblo organizado fue escuchada”, la empresa cedió a las demandas populares y bajo el proyecto del “emisario”. Así el año 2010 se inauguro la planta de tratamientos de aguas servidas, ubicada en el sector de puente negro, que junto con olvidar al “emisario” prometía limpiar la laguna de Petrel, que hasta ese entonces recibía inocente las descargas del alcantarillado local.

Siendo así, la situación se ha mantenido estable por alrededor de 8 años ¿Cuál situación? La fosa se llena, la dueña de casa llama al servicio de limpia fosa, este retira la caca por un valor de entre $25.000.- a $30.000.-, luego este camión va a la planta de tratamiento de ESBBIO y vacía el camión por un cobro que le permite al prestador de servicio obtener una ganancia razonable. Hasta ahí todo bien…

LOS PROBLEMAS

Problema número uno y fuente de todo este lio de caca: Solo alrededor de un 60% de la ciudad cuenta con alcantarillado. Problema número dos: La empresa ESSBIO cambio la forma en que cobra al camión de limpia fosa, pasando de un monto fijo a una tarifa diferenciada por metro cubico y por calidad de caca. Problema número tres: Lo anterior conlleva a que el servicio de “limpia fosa”, tenga que subirle el precio al cliente en un porcentaje exorbitante. Problema número cuatro: El cliente, la dueña de casa común y corriente, sencillamente no va tener el dinero para limpiar su fosa cada vez que esta se llene. Problema número cinco: Con todo lo anterior como causa, “literalmente, puede quedar la caga’…”, es decir, las fosas van a reventar, el olor va ser insoportable, la gente va buscar limpiar la fosa donde sea, los dueños de cabaña o grandes complejos turísticos claro, van a tener que pagar para seguir prestando un buen servicio, ¿Pero? Si los vecinos de cada lado de las cabañas no pueden pagar, el olor no discrimina cierres perimetrales, ¿Quién va venir a veranear a un balneario pasado a caca? Y bueno, si se nos van los turistas, los problemas para una ciudad que vive del turismo, ni siquiera es necesario expresarlos…

Para aliviar este embrollo de caca, en el mes de agosto de 2018 el alcalde presento un oficio en la superintendencia de servicios sanitarios y en la fiscalía económica para advertir a los organismos correspondientes del alza exponencial de los precios de ESSBIO. Junto con los anterior, las autoridades se han reunido con sus pares de la empresa ESSBIO, logrando que esta alza se produzca en forma gradual, y no de sopetón como fuere anunciado en un principio para septiembre de 2018, donde el limpia fosa presumiblemente iba cobrar alrededor de $140.000.- Esta alza, ahora gradual, implica que a la fecha de este artículo, los limpia fosa estén cobrando en la actualidad una suma de entre $40.000.- y $45.000.- Lo cual ya constituye una cifra que no es fácil desembolsar de un día para el otro, para una gran mayoría de residentes de la ciudad.

Para colmo de males, el 01 de abril del presente año, la Seremi de Salud de la región confirmo lo que se apreciaba y olía a simple vista; La laguna Petrel está contaminada con “coliformes fecales”, es decir, con caca. Para aliviar esto, se ha creado recientemente una mesa de trabajo conjunta por autoridades, privados y parte de la sociedad civil, con el fin de “localizar” y esperemos “solucionar” el problema, de si la caca la está arrojando ESSBIO, o si es culpa de las descargas ilegales a los canales que fluyen a la laguna Petrel.

Las interrogantes son varias ¿Cuántos años pasaran para que todo el sector urbano de la ciudad cuente con alcantarillado? ¿Qué hará la sociedad civil para frenar el alza de ESSBIO? ¿Podremos reeditar un movimiento tan potente como el que freno el “emisario”? Finalmente me pregunto ¿quedara o no la caga’…?

*Este modesto artículo no hubiese sido posible sin la inspiración del gran periodista “Juan Carlos Bodoque” y su ya mítica “LA RUTA DE LA CACA”, estrenada en el noticiero “31 Minutos” hace varios años, y disponible actualmente en “YOUTUBE”.

Autor entrada: Pablo Javier Canales Saravia

Pablo Javier Canales Saravia
Abogado