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Ud. sabe…

Maui, mucho antes que los españoles, anexó territorios de Chile para el rey de Egipto, para su reina y noble hijo. Esto sucedía 231 años a.C., en el reinado del faraón Ptolomeo III.

Maui, mucho antes que los españoles, anexó territorios de Chile para el rey de Egipto, para su reina y noble hijo. Esto sucedía 231 años a.C., en el reinado del faraón Ptolomeo III.

Ud. sabe que… Reconstruir el pasado histórico más remoto de los hombres que habitaban la costa de Colchagua es una tarea difícil.

Faltan estudios sistemáticos, multidisciplinarios, con ayuda de fechados radiocarbónicos para establecer concluyentemente la cronología de las ocupaciones.

Los informes emitidos hasta ahora por algunos investigadores, constituyen en su mayoría hipótesis de trabajo. No obstante, permiten elaborar una imagen de lo que han sido estas ocupaciones.

La presencia del hombre en el continente americano se puede situar alrededor de 30.000 años a.C. Análisis de restos arqueológicos de sitios en Norteamérica fechados con carbono 14, así lo demuestran. (El carbono 14 es el método de mayor precisión en este tipo de cálculo).

En el territorio de Chile los hallazgos más antiguos fechados con carbono 14 datan 11.160 años a.C. y corresponden a la laguna de Tagua-Tagua en la Sexta Región. Le sigue en antigüedad los restos de fogón de la Cueva Fell, en la Patagonia Chilena y data 10.720 a.C.

instrumentoEn la costa hay gran cantidad de conchales que evidencian también, la presencia de aldeas de pescadores y mariscadores que complementaban esa dieta con la recolección de vegetales en las quebradas de la costa. Capturaban animales marinos como lobos de mar, cazaban aves y recogían algas. Sus instrumentos estaban hechos de toscos guijarros y de huesos de lobos marinos” (O. Silva)

Expediciones hechas por la Sociedad de Arqueología F. Fonk de Viña del Mar en yacimientos de Cáhuil y Pichilemu, a cargo de don Julio Montané (1951-1956) han recolectado importantes piezas de piedra, cerámica y otras.

Julio Montané ha realizado observaciones de sitios en las terrazas I y terrazas II a través de una extensión que abarca playa Miller en Arica y la ribera norte de la desembocadura del río Nilahue en Cáhuil-Pichilemu.

“En la costa de Cáhuil, (34°29’Lat. S.) principalmente al norte de la desembocadura del río Nilahue, se distinguen dos niveles de terrazas: 1) La primera, cubierta de dunas vivas que le dan una mayor altura sobre el nivel del mar, fluctuante hasta los 10 ms. para los sitios arqueológicos agroalfareros. En esta terraza I se encuentran entre dunas vivas, varias pequeñas lagunas y 2) Una segunda terraza en la parte norte de la playa de Cáhuil tiene una altura que llega a 35 ms. en el sitio en que se encontraron elementos líticos descritos como precerámicos” (J. Montané).

La secuencia cultural de la costa central de Chile elaborada por B. Berdichewsky atribuye a las culturas precerámicas una antigüedad de hasta 3.000 A.C.

Los elementos líticos precerámicos encontrados en Cáhuil son herramientas de basalto negro, confeccionadas con técnicas de percusión y de presión, conservando en parte la superficie natural de la piedra.

La facutra de estos litos difiere de otros encontrados en la terraza I y que incluyen además, cerámica, relacionada con la cultura diaguita-chilena, períodos de transición y clásico y con alfarería de períodos incaicos más recientes. (“El camino del inca con destino a la laguna de Vichuquén, rodeaba la laguna de los Choros-Cáhuil (O. Mellado).

En 1885 Karl Stolp, geólogo alemán, durante una prospección minera hecha al interior del valle de Tinguiririca encontró en las paredes de rocas de una cueva que le sirvió de refugio, unas inscripciones de escritura desconocida por Stolp, copiadas por él, y publicadas en el boletín de la Sociedad Científica alemana.

Años mas tarde, el especialista Barry Fell de la Universidad de Harvard, descifró íntegramente la inscripción cuyo lenguaje es antiguo maorí. Idioma hablado primitivamente en Libia y emparentado con el egipcio antiguo y levemente diferente de idioma moderno de la Polinesia. La traducción es la siguiente:

“Límite sur de la costa alcanzada por Maui. Esta región es el límite sur del país montañoso que el comandante reclama, por proclamación escrita en este regocijante país. A este límite sureño él dirigió la flotilla de barcos. Este país el navegante anexa para el rey de Egipto, para su reina y para su noble hijo, corriendo una distancia de 4.000 millas de precipicios, nevadas montañas levantadas en lo alto. Agosto, día 5, año real 16”.

Corresponde al 231 a.C. reinado del faraón Ptolomeo III.

El investigador O. Fonk que trata el tema de los conquistadores norafricanos y su presencia en Chile, ha logrado traducir en base al idioma pascuense actual, varios nombres de lugares en la zona del valle de Tinguiririca, usados hasta hoy. Esto demuestra que dichos colonos coexistieron en la región, habitada por picunches, manteniendo cierta autonomía e imponiendo su propia toponimia. Tinguiririca, Rengo, Pelequén, Requinoa, Chimbarongo, Teno, Rapel.

La larga ruta de los navegantes libio-egipcios se encuentra demarcada en varios puntos de su trayecto. Diversas islas en el archipiélago Indochino y la Polinesia contienen inscripciones, restos y toponimios que han sido cuidadosamente analizados y fechados.

Las más notables encontradas en Chile, corresponden a las interesantes pinturas rupestres al interior de Arica. El toponimio mismo de Arica de la denominación que llevaban los reyes de Pascua, al igual que los sumos sacerdotes: “Ariki”. Y otros de la zona. Y las ya mencionadas en el valle de Tinguiririca, junto a otros monumentos megalíticos cerca de “Rocas de Santo Domingo” (piedra de sol, sarcófago de piedra antropomorfo de doble faz, esculturas de piedra zomorfas). Todos estos hitos nos demuestran la huella de la incursión a través del curso del río Rapel y su afluente en el río Tinguiririca. La costa de Rapel ha estado ligada a Colchagua desde la creación del corregimiento del mismo nombre.

El análisis hecho por don José Toribio Medina en 1905 a una formidable escultura de piedra (encontrada en Cáhuil al cavar una zanja divisoria entre dos propiedades), dada su particularidad, lo llevó a cuestionarse “si tales ídolos, o como quiera llamárseles, de la edad neolítica corresponden a manifestaciones religiosas o de otro carácter de un pueblo diverso del peruano o del que encontraron los capitanes del Inca. Y no puede dudarse de que existió aquí una raza o pueblo que dejó, como en el resto de los Andes relaciones, en verdad no descifradas hasta hoy, en las que aparecen figuras de hombres y animales”. Continúa Medina; “tanto por el material de que está hecho como por el sitio en que fue encontrado, que corresponde a una área diversa de aquella en que aparecen los objetos incásicos, creemos que a esta última procedencia corresponden el que voy a describir”.

Es clara la relación que don José T. Medina establece entre esta pieza y la cultura que más tarde Mr. Barry Fell identificaría como libio-egipcia (Berberisca).

Si bien es cierto esta cultura la representa una “lechuza simbólica” y atribuye un propósito simbólico para la guerra, “que representa la conveniencia de que, cual la lechuza, era necesario velar de noche para no descuidarse, ni aun entonces, de los ataques de los enemigos”. Medina, advierte al final, que su interpretación sobre el significado no es concluyente y deja abierto el campo a otros análisis, otras interpretaciones.

Por ahora nosotros podemos plantearnos algunas interrogantes: ¿era berberisco el artífice de la escultura de Cáhuil?, ¿o su maestro, a qué raza e influencias pertenece?.

Según una vieja leyenda de los habitantes de Rarotonga, referida por Albert Kalsbeek, de Honolulu, Hawai, Maui falleció en continente sudamericano y su hijo Kiu navegó de vuelta con un grupo de personas hasta las Islas Polinésicas. Esto significaría que Maui fue sepultado en Chile.

¿Corresponde la mencionada escultura a un hito funerario?.

¿Existe alguna relación entre esta escultura y el cementerio de Cáhuil descubierto por la gran lluvia y que contenía al menos doce cadáveres? ¿el sepulcro bajo la terraza de parque, en Pichilemu, descubierto por Evaristo Merino y, analizado luego por don José T. Medina?.

Existen sin duda muchas otras preguntas sobre este interesante tema. Más aún, quedan yacimientos y cementerios inexplorados que esperan la investigación científica profesional, antes que la mano depredadora de “coleccionistas” borre todo vestigio y haga imposible su estudio.

“Todo pueblo que honra su pasado, se honra a sí mismo”, (Max Uhle).

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